Cuaresma es un tiempo de gracia semejante a “un gran retiro espiritual”, vivido en lo cotidiano, que nos ayuda a preparar la vivencia de los misterios centrales de la vida del Señor Jesús: su pasión, muerte y resurrección.
En cada eucaristía, la Palabra de Dios transmite el sentido profundo de este tiempo de gracia. También son importantes las prácticas cuaresmales: oración, ayuno, penitencia y caridad fraterna, acciones concretas que nos vinculan con Jesús y el comienzo de su ministerio público.
Los Evangelios sinópticos narran que, luego del bautismo en el Jordán, Jesús se fue al desierto llevado por el Espíritu Santo durante cuarenta días (Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13). Allí venció al tentador, confirmando con su querer y obrar la filiación divina testimoniada por el Padre en el bautismo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3, 17). En cada Cuaresma, el Papa Francisco, por quien rezamos especialmente en estos días, entrega un mensaje a la Iglesia para iluminar este tiempo litúrgico.
El mensaje de este año se titula: “Caminemos juntos en la esperanza”. A través de sus palabras, el Papa nos ayuda a tomar conciencia de que esta Cuaresma 2025, enriquecida por la gracia jubilar, es un camino que debemos realizar juntos y que se orienta por la esperanza. Para vivirla de este modo, debemos pedir la gracia de la conversión.
Caminar (1), junto con “Peregrinos de esperanza”, lema del Jubileo, evoca el largo viaje del Pueblo de Israel hacia la tierra prometida. Un camino difícil, desde la esclavitud hacia la libertad, que se actualiza también hoy en tantos hermanos y hermanas que padecen la miseria y la violencia. Esta realidad debe interpelarnos y ser motivo de compasión y conversión.
Hacer este viaje juntos (2) expresa la vocación de la Iglesia a ser sinodales. Es una llamada para ser artesanos de unidad, reconociendo nuestra dignidad común bautismal. El Papa nos anima a que, en nuestras familias, trabajos, comunidades parroquiales o religiosas, trabajemos juntos por el Reino de Dios.
Caminar juntos en la esperanza (3) señala un horizonte: el de la Cuaresma y el Jubileo. La esperanza nos encamina hacia la victoria pascual de Jesucristo. Esta convicción de la fe nos debe mover a la confianza en Dios y en su gran promesa: la vida eterna.
Vivamos con fruto nuestra peregrinación cuaresmal.
Mons. Bernardo Alvarez
Obispo Auxiliar de Concepción