Estimados miembros de la Unión Social de Empresarios y Ejecutivos Cristianos (USEC) y personas de buena voluntad:
Con el ánimo de reflexionar, me he permitido escribirles esta carta. Espero que los ayude en su tarea como empresarios y ejecutivos cristianos. También va dirigida a quienes participan en otros gremios empresariales. La escribo inmerso en la misión evangelizadora que me corresponde llevar adelante –en un contexto inimaginable hace algunos meses- y tratando de vivir las enseñanzas de la parábola del Buen Samaritano, como lo exige Jesucristo, Nuestro Señor. En esta carta podrán conocer -también- algo de lo que hace un arzobispo, así como sus dolores, alegrías, preocupaciones y esperanzas.
Estas páginas son fruto de la oración y también motivo de ella. Tengo un compromiso de por vida de rezar por El Papa, la Iglesia y el mundo. Igualmente, estos pensamientos esparcidos en estas páginas, han sido motivo de cuestionamientos a mi propia vida episcopal, toda vez que el Papa Francisco nos ha pedido que seamos más radicales a la hora de vivir el mandamiento de amor al que nos invita el Evangelio y tengamos más “olor a oveja”.