Dejarnos sorprender por Dios

Hace unos días, cerca del mediodía, golpeó suavemente a la puerta de la casa parroquial una mujer anciana …llovía, hacia frio, estaba toda cubierta y casi no se distinguía su rostro. La Sra. de la casa salió a atender el llamado de la puerta y se encontró con esta mujer que le pregunto por el padrecito, le respondió: en este momento está hablando por teléfono¿Para qué lo necesitaba? – ella respondió – es un tema personal

El padre fue a  su encuentro la saludo y  la invito a pasar, hablaron  algo breve  y le pregunto – “¿En qué puedo ayudarla?” ella busco entre sus ropas y extrajo “tres rollitos de papel de servilleta”, uno con el nombre del párroco, otro con el nombre del Padre vicario, y un tercero solo decía ‘iglesia’; y se los entrego uno a uno diciendo – “Padre, este es para usted, este para el Padre vicario, y este para la iglesia  es muy poquito, pero es mi ayuda, yo sé que ustedes no reciben nada y no tienen ningún ingreso, más aun  por este virus, por favor recíbamelo. Lo que dice iglesia, úselo para lo que estime conveniente en la iglesia o el comedor de los patroncitos”. Se despidió y se fue con la misma suavidad conque golpeo a la puerta, llevada por la fragilidad de su figura en la húmeda tarde. Llegó inmediatamente al recuerdo del padre, el texto de la ofrenda de la viuda… (Lucas 21, 1-4)

Se despidió, ingresó a la casa y lo comentó con su hermano sacerdote y le pasó lo que le había entregado el Señor a través de esta persona (Que había visto en Misa ya alguna vez) pero que no sabía su nombre…el Padre, después del escuchar el relato del párroco lo recibió, lo bendijo y lo beso.

¿Por qué traigo esto a cuento? Por que leyendo unas catequesis del Papa estos días me quede pensando en algo que él decía. Dejarnos sorprender por Dios, es un ejercicio de fe, es saber que no dominamos, ni controlamos, las cosas de Dios son de Dios, EL nos sorprende siempre

Muchas veces quizá nuestra mirada tan ‘humanamente cotidiana’ de la vida no nos permite ver la delicadeza de Dios para con nosotros sus hijos. Proyectamos, medimos, calculamos, extraemos informaciones de los acontecimientos para llevar adelante los proyectos de Dios, proyectos que plasmamos en inteligentes argumentos y muy válidos. Pero Dios es tan simple, es tan sencillo, tan cercano, tan delicado con nuestros corazones, que debe mirar con asombro nuestros ‘ampulosos proyectos’ que (Muchas veces) llevan nuestras firmas.

Esta mujer anciana era una mujer pobre, y como todos los pobres son para nosotros “maestros de vida” Nos enseñan que una persona no es valiosa por lo que posee, por lo que tiene en su cuenta bancaria, o por los amigos influyentes que conocen, o por los títulos que posee, un pobre es una persona a la que se la ha revelado el proyecto de Dios, los pobres son una escuela.

Me parece tan valioso este tiempo de “párate” a la que nos obliga esta pandemia, para buscar entrar en la intimidad de Dios, para hablar su lenguaje, para volver a su palabra, para orar y orar …para entender su presencia habitual a nuestro lado, para ser más espirituales y menos prácticos dejándonos sorprender por este Dios que de verdad está presente en su Iglesia y la conduce, para intuirlo presente en cada corazón

Nos ha sorprendido esta pandemia y nos ha hecho descubrir cosas de nosotros que no conocíamos y nos dejara una visión nueva de la humanidad, un nuevo modo de relacionarnos en el futuro. estamos muy consciente de esto. Pero el “gran descubrimiento” del ser humano es la evidente presencia de Dios en sus vidas, que nos sigue sorprendiendo con su amor, y nos invita a que acojamos su sorpresa, especialmente cuando viene de las manos de los sencillos, los humildes, los pobres.

Termino mi reflexión dejándoles unas palabras del Santo Padre, el Papa Francisco:

Los pobres son preciosos a los ojos de Dios porque no hablan la lengua del yo; no se sostienen solos, con las propias fuerzas. Nos recuerdan que el Evangelio se vive así, como mendigos que tienden hacia Dios. La presencia de los pobres nos lleva al clima del Evangelio, donde son bienaventurados los pobres en el espíritu”

No basta la etiqueta “cristiano” o “católico para ser de Jesús. Es necesario hablar la misma lengua de Jesús, la del amor, la lengua del tú. No habla la lengua de Jesús quien dice YO, sino quien sale del propio yo. cuántas veces, aún al hacer el bien, reina la hipocresía del yo: hago lo correcto, pero para ser considerado bueno; doy, pero para recibir a cambio; ayudo, pero para atraer la amistad de esa persona importante. De este modo habla la lengua del yo

Esta mujer anciana no usó el lenguaje del YO, sino del “TU”, del “NOSOTROS” y compartió de lo poco que tenía. “Ella, ha dado más que todos”. La conclusión la conocemos.

Pbro. José Luis Roldan Solís
Párroco
Vicario Episcopal de Arauco
 

Publicado el: 9 julio, 2020