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Día de Oración por Chile: fe, historia y esperanza


La Conferencia Episcopal de Chile estableció el “Día de Oración por Chile” el último domingo del mes de septiembre. Esta iniciativa pastoral comenzó hace 54 años, en 1971, en medio de tiempos complejos para la vida nacional.

A través de diversas consideraciones para declarar este día especial, los obispos reconocieron la creciente rapidez de las comunicaciones que permitía una vinculación de carácter nacional —a inicios de la década de los 70—; y acogieron el llamado del posconcilio a revivir el espíritu de Pentecostés: una comunidad orante, junto a María, abierta al Espíritu Santo.

El origen del Día de Oración por Chile se orientaba a la celebración de la Virgen del Carmen como Madre y Reina, considerando que la Virgen ha ocupado desde siempre un lugar central en la relación entre Iglesia y sociedad. En Chile, esta presencia se expresa en dos títulos profundamente arraigados en la devoción popular: “Virgen del Carmen”, símbolo de fe e identidad religiosa, y “Reina de Chile”, expresión de la historia nacional y de la tradición.

La Santa Sede, por su parte, había ofrecido la posibilidad de adaptar ciertas celebraciones religiosas al contexto de cada país, incluyendo una fiesta mariana con carácter de patrona nacional. En este sentido, septiembre —mes de la patria e inicio de la primavera— se presentaba como un tiempo cargado de energía simbólica, ideal para fortalecer la identidad religiosa y cultural del pueblo chileno.

Este domingo tendremos la oportunidad de participar en la procesión de la Virgen del Carmen y orar por Chile. Ponernos en camino y peregrinar nos compromete a dejarnos iluminar y trabajar por un país mejor, como reza la oración de este día: “Enséñanos a conquistar el verdadero progreso, que es construir una gran nación de hermanos donde cada uno tenga pan, respeto y alegría”.

El cardenal Raúl Silva Henríquez, figura clave en la historia eclesial y social de Chile, expresó con profunda convicción al inicio del periodo de gobierno en 1970:

“Sabemos por experiencia que las tareas de la justicia y la paz verdaderas nos desbordan. Ellas requieren una sabiduría, una prudencia, una fortaleza de ánimo, una visión, una esperanza que la sola fuerza humana no es capaz de dar”.

En tiempos de incertidumbre, el Día de Oración por Chile nos recuerda que la fe no es evasión, sino compromiso; que la historia se construye también desde el silencio orante; y que la esperanza, como la primavera, siempre vuelve.

No dejemos de pedir con fe: “Virgen del Carmen, Reina de Chile, ¡salva a tu pueblo que clama a ti!”.

+Bernardo Álvarez

Obispo Auxiliar de Concepción

Publicado el: 27 Septiembre, 2025
© Arzobispado de Concepción