Discursos: Encuentro “La protección de los menores en la iglesia”

Cardenal Cupich: Un enfoque sinodal y colegial implica ser conjuntamente responsables

En la presentación de la segunda jornada de la reunión “La protección de los menores en la Iglesia” el arzobispo de Chicago destacó que es “imperativo que consideremos el desafío que enfrentamos a la luz de la sinodalidad, especialmente cuando exploramos con toda la Iglesia los aspectos estructurales, legales e institucionales de la obligación de rendir cuentas”.

El Card. Cupich expresó en su alocución que “Solo una visión sinodal, enraizada en el discernimiento, la conversión y la reforma a todo nivel, puede llevar a la Iglesia a aquella acción integral, a la que nos llama la gracia de Dios, en defensa de los más vulnerables en medio nuestro”.

El Card. Cupich observa la necesidad de ampliar el sentido de colegialidad, pues esta no se reduce a una responsabilidad personal del obispo, sino que es una responsabilidad de toda la Iglesia y de todas sus estructuras y de las que forman parte las comunidades católicas y por supuesto, las familias. La indiferencia al sufrimiento de las personas abusadas y de sus familias es inaceptable.

Para el purpurado, en estos casos “la Iglesia debe ser verdaderamente una Pietà, destrozada por el sufrimiento, consoladora en el amor envolvente, constante en señalar la ternura divina de Dios en medio de los dolores de la desolación en aquellos que han sido aplastados por el abuso del clero”.

Principios para enfocar la reforma de la Iglesia

Cupich señala que “hay cuatro orientaciones enraizadas en la sinodalidad que deben conformar toda reforma estructural, legal e institucional, diseñada para enfrentar el enorme desafío que representa en este momento la realidad del abuso sexual por parte del clero”.

Escucha radical

La primera orientación es una postura perpetua de escucha radical para comprender la experiencia aniquiladora de aquellos que han sido abusados sexualmente por el clero.

Para Cupich, es importante la calidad de la escucha: “Nuestra escucha no puede ser pasiva, esperando que aquellos que han sido abusados encuentren un camino hacia nosotros. Más bien, nuestra escucha debe ser activa, buscando a quienes han sido heridos y tratando de servirlos. Nuestra escucha debe estar dispuesta a aceptar el desafío, la confrontación e incluso la condena de los fracasos pasados y presentes de la Iglesia en mantener a salvo lo más precioso del rebaño del Señor”.

Testimonio laico

El Cardenal subraya el papel de todos los miembros de la Iglesia, y en especial de los laicos: “Las madres y los padres nos han llamado a rendir cuentas, porque simplemente no pueden comprender cómo nosotros, como obispos y superiores religiosos, a menudo nos hemos cegado ante el alcance y el daño del abuso sexual de menores”.

Nuestra obligación es –dirigiéndose a los asistentes- “incorporar sin cesar una amplia participación de laicos en cada esfuerzo para identificar y construir estructuras favorables a la obligación de rendir cuentas para prevenir el abuso sexual del clero”.

La colegialidad

El Cardenal Cupich insta a los obispos a que “En vez de actuar aisladamente, necesitamos comunicarnos unos con otros en un espíritu de confianza, reconociendo todo el tiempo que somos fieles a los deseos de Cristo que nos ha unido como sucesores de los apóstoles en el don del mismo Espíritu”.

Insiste en que “la obligación de rendir cuentas dentro del colegio episcopal, marcada por la sinodalidad, puede configurarse de manera que se convierta en una sólida red de guía, gracia y apoyo que no deje solo al líder individual en situaciones difíciles ni se base en la falsa impresión de que la Santa Sede debe dar todas las respuestas”.

Acompañamiento

Para el prelado, “El principio orientador final que es esencial para que las estructuras de rendición de cuentas por el abuso sexual del clero sean efectivas es el llamado al acompañamiento… Acompañar implica intentar genuinamente comprender la experiencia y el camino espiritual del otro… Cada vez que un superviviente se acerca a la Iglesia, ya sea en busca de consuelo o de justicia, de retribución o de paz, es una invitación a la Iglesia a ser genuinamente Pietà, marcada por la ternura y la empatía”.

Cupich insiste en que “El acompañamiento auténtico al estilo de Cristo ve a todos como iguales ante el Señor, y las estructuras basadas en el acompañamiento hacen que todos se sientan y aparezcan iguales ante el Señor”. Esta afirmación sitúa a toda la comunidad cristiana al mismo nivel. El sacerdote no está por encima de la comunidad.

Marco para la rendición de cuentas

Para el Cardenal, “La tarea que tenemos ante nosotros es centrar estos principios en el diseño de estructuras institucionales y legales específicas con el fin de crear una obligación de rendir cuentas genuina en los casos relacionados con la mala conducta de los obispos y superiores religiosos, y el mal manejo de los casos de abuso infantil”.

Cupich propone el siguiente mecanismo para la rendición de cuentas: “la Carta Apostólica Come una madre amorevole , establece procedimientos que tratan, entre otras cosas, de los obispos que manejan mal los casos de abuso”.

El Cardenal detalla la tarea que tienen por delante: promulgar procedimientos claros en los casos en que, por “razones graves”, podría justificarse la destitución de un obispo, de un eparca o de un superior religioso, tal como se define en el motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela y en el motu proprio Come una madre amorevole.

El Cardenal de Chicago plantea tres epígrafes como marco: 1. Establecer normas para la investigación de obispos, 2. Informar las acusaciones y 3. Pasos procesales concretos. Los desarrolla de esta manera:

“Establecer normas: Siempre que el derecho civil exija que se denuncie el abuso de menores, esa ley debe seguirse y las políticas deben ser claras respecto a esos requisitos”.

“Informar de las acusaciones. Todos los mecanismos para reportar acusaciones de abuso o mal manejo de casos de abuso contra un obispo deben ser transparentes y bien conocidos por los fieles. Se debe prestar atención al establecimiento de mecanismos independientes de información”.

“Pasos concretos de procedimiento. En mi opinión, será útil adoptar medidas de procedimiento claras que estén arraigadas en las tradiciones y estructuras de la Iglesia, pero que al mismo tiempo satisfagan las necesidades modernas de identificar e investigar conductas potencialmente ilícitas de los obispos”.

También insiste en que, además de una legislación universal, “las Conferencias Episcopales, después de las consultas apropiadas, deberían considerar la adopción de normas especiales para abordar las necesidades particulares de cada Conferencia”. Cupich propone los siguientes elementos que no deben estar ausentes en las normas especiales adoptadas por cada iglesia particular.

Rendición de cuentas: 11 principios básicos

  1. Las víctimas y sus familias, así como las personas que presentan la acusación, necesitan ser tratadas con dignidad y respeto, y deben recibir una atención pastoral adecuada. Se deben hacer esfuerzos para asegurar que las víctimas reciban consejería psicológica y otro tipo de apoyo, que creo que debe ser financiado por la diócesis del obispo acusado.
  2. La denuncia de un delito no debe verse obstaculizada por el secreto oficial o por normas de confidencialidad.
  3. Ninguna persona debe ser discriminada o sufrir represalias sobre la base de la denuncia de una acusación contra un obispo a las autoridades eclesiásticas.
  4. Se debe prestar la debida atención a la inclusión de mujeres y hombres laicos competentes y con experiencia en el proceso de principio a fin, por respeto a los principios de obligación de rendir cuentas y de transparencia que he señalado anteriormente.
  5. Siempre que esté justificado, y en cualquier momento durante la investigación, el Metropolitano debe poder recomendar a la congregación romana competente que se adopten las medidas cautelares apropiadas, incluido el alejamiento temporal y público del acusado de su cargo.
  6. Si la alegación tiene incluso la apariencia de verdad, que el Metropolitano debe ser libre de determinar con la ayuda de expertos laicos, el Metropolitano puede solicitar a la Santa Sede autorización para investigar. La naturaleza exacta de la investigación, ya sea penal o administrativa, dependerá de las acusaciones . Esta petición debe ser enviada sin demora y la congregación debe responder sin demora.
  7. Después de que el Metropolitano reciba la autorización, debe reunir toda la información relevante de manera expedita, en colaboración con expertos profesionales, para asegurar la ejecución profesional y veloz de la investigación y concluirla rápidamente.
  8. Toda investigación debe llevarse a cabo con el debido respeto a la privacidad y el buen nombre de todas las personas involucradas. Esto no impide, sin embargo, que la Conferencia Episcopal adopte normas para informar a los fieles de la acusación contra el obispo en cualquier etapa del proceso. Al mismo tiempo, es importante que se conceda al acusado la presunción de inocencia durante la investigación.
  9. Una vez finalizada la investigación, el Metropolitano remitirá el acta, incluyendo toda la información recopilada con la ayuda de expertos laicos, junto con su votum, si así se solicita, a la Santa Sede.
  10. Se puede establecer un fondo común a nivel nacional, regional o provincial para cubrir los gastos de las investigaciones a los obispos , teniendo debidamente en cuenta las normas de derecho canónico para su administración.
  11. La competencia del Metropolitano normalmente cesaría una vez que la investigación se haya completado, pero podría extenderse para asegurar un cuidado pastoral continuo, o por otras razones específicas. La tramitación del caso de un obispo procede a partir de este punto de acuerdo con las normas del derecho universal . De acuerdo con el derecho canónico, la Santa Sede llevará el caso de un obispo a sí misma para su resolución mediante un proceso administrativo o penal u otra disposición, o bien la Santa Sede podrá devolver el caso al Metropolitano con instrucciones adicionales sobre cómo proceder.
  12. Por supuesto, a menos que la ley especial establezca lo contrario, corresponde al Romano Pontífice tomar una decisión final.

Finalizó su alocución insistiendo en que “Debemos movernos para establecer leyes y estructuras sólidas con respecto a la obligación de rendir cuentas de los obispos, precisamente para proveer con un alma nueva, la realidad institucional de la disciplina de la Iglesia sobre el abuso sexual”.

Fuente: Vatican News

Vaticano, 22-02-2019

El Papa: “El Pueblo de Dios espera medidas concretas y eficaces”

Con la oración inicial, un video testimonio y las palabras del Santo Padre inició la mañana de este jueves, 21 de febrero de 2019, el Encuentro sobre “La Protección de los menores en la Iglesia”.

“Nuestro encuentro está cargado por el peso de la responsabilidad pastoral y eclesial que nos obliga a discutir juntos, de manera sinodal, sincera y profunda, cómo afrontar este mal que aflige a la Iglesia y a la humanidad. El santo pueblo de Dios nos mira y espera de nosotros no simples y obvias condenas, sino medidas concretas y eficaces por disponer”, lo dijo el Papa Francisco este jueves, 21 de febrero, al inicio del Encuentro sobre “La Protección de los menores en la Iglesia”, en el Aula Nueva del Sínodo, en el Vaticano.

Escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia

Dirigiéndose a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo y a los demás participantes en este Encuentro, el Santo Padre dijo que, “ante la plaga de abusos sexuales perpetrados por hombres de Iglesia contra los menores, he pensado en interpelarlos a ustedes, Patriarcas, Cardenales, Arzobispos, Obispos, Superiores Religiosos y Responsables, para que todos juntos nos pongamos a la escucha del Espíritu Santo y con docilidad a su guía escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia”.

Discutamos de manera sinodal, sincera y profunda

“Nuestro encuentro – señaló el Pontífice – está cargado por el peso de la responsabilidad pastoral y eclesial que nos obliga a discutir juntos, de manera sinodal, sincera y profunda, cómo afrontar este mal que aflige a la Iglesia y a la humanidad. El santo pueblo de Dios nos mira y espera de nosotros no simples y obvias condenas, sino medidas concretas y eficaces por disponer. Es necesario ser concretos”.

Parresia, coraje y de concreción

Iniciamos, pues, nuestro camino armados de fe y del espíritu de máxima parresia, de coraje y de concreción, alentó el Papa Francisco a los participantes. “Como ayuda, quisiera compartir con ustedes algunos criterios importantes formulados por las diversas Comisiones y Conferencias Episcopales – los han enviado ustedes, dijo el Papa, y yo los he enumerado un poco – son líneas guías para ayudarnos en nuestra reflexión que les serán entregadas a ustedes. Son un simple punto de partida, que viene de ustedes y regresa a ustedes, y que no quita la creatividad que debe existir en este encuentro”.

Sanemos las graves heridas de este escándalo

Antes de concluir sus palabras introductorias, el Papa Francisco agradeció en nombre de todos a la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, a la Congregación para la Doctrina de la Fe y a los miembros del Comité Organizador por el excelente trabajo realizado con gran compromiso en la preparación de este encuentro. “Finalmente – concluyó el Papa – le pido al Espíritu Santo que nos sostenga en estos días y que nos ayude a transformar este mal en una oportunidad para la conciencia y la purificación. Que la Virgen María nos ilumine para buscar curar las graves heridas que el escándalo de la pedofilia ha causado tanto en los pequeños como en los creyentes”.

Fuente: Vatican News

Vaticano, 21-02-2019

Mons. Scicluna: actuar confrontándonos con las heridas de las víctimas

En su intervención en el Encuentro para la Protección de los Menores, Mons. Charles J. Scicluna recorre las principales fases de los procesos de casos individuales de abuso sexual de menores por parte de miembros del clero y expresa la preocupación por la salvaguarda de la inocencia de nuestros niños y jóvenes.

En su exposición Scicluna parte de la necesidad de hacer un buen diagnóstico de aquello que ha generado esta crisis en el interior de la Iglesia, y así poder plantear caminos de solución. Para ello cita una carta de Benedicto XVI al pueblo de Dios de Irlanda:

“entre los factores que contribuyeron a ella (a la crisis), podemos enumerar: procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa; insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; una tendencia en la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos, cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y la falta de tutela de la dignidad de cada persona”.

Luego, Mons. Scicluna expone qué hacer cuando un sacerdote sea acusado por abuso a menores de edad.

Denuncia

La primera acción es la denuncia de la mala conducta sexual. Esta debe hacerse al encargado en la diócesis o de la orden religiosa. En todos los casos, afirma, “ y para todas las fases del tratamiento de los casos se deben seguir en todo momento estos dos puntos: i) se deben respetar los protocolos establecidos. ii) se deben respetar las leyes civiles o nacionales”.

Para el obispo, “es importante que todas las denuncias se investiguen con la ayuda de expertos y que la investigación se concluya sin demoras innecesarias”; pues “aporta luz y comodidad y nos ayuda a tomar decisiones basadas en la competencia científica y profesional”.

El obispo considera que “abordar los casos a medida que surjan en un contexto sinodal o colegial dará la energía necesaria a los obispos para llegar de manera pastoral a las víctimas, a los sacerdotes acusados, a la comunidad de los fieles y, de hecho, a la sociedad en general”.

Atención a las víctimas

Es de vital importancia, afirma, no “subestimar la necesidad de confrontarnos con las profundas heridas infligidas a las víctimas de abuso sexual por miembros del clero. Son heridas de naturaleza psicológica y espiritual que deben ser atendidas con cuidado”.

Scicluna insiste en la misión de los obispos y líderes de la Iglesia: “Este es un Vía Crucis que no podemos perdernos. Necesitamos ser Simón de Cirene ayudando a las víctimas, con quienes Jesús se identifica (Mateo 25), a llevar su pesada cruz”.

Investigación de casos

Mons. Scicluna afirma que “según el Motu Propio Sacramentorum Sanctitatis tutela, el resultado de la investigación de la mala conducta sexual del clero a menores de 18 años debe ser remitido a la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF). En estos casos el Ordinario está autorizado por el Derecho Canónico a aplicar medidas cautelares (CIC 1722) que limitan o prohíben el ejercicio del ministerio”.

Además, insiste, “los expertos ayudarán al Obispo o al Superior Religioso a compartir toda la información necesaria con la CDF y le ayudarán a expresar sus consejos sobre los méritos de las acusaciones y los procedimientos a seguir”.

Procesos penales canónicos

El obispo afirma que “En la mayoría de los casos referidos a la CDF, un proceso penal canónico es autorizado por la Santa Sede. La mayoría de los procesos penales canónicos son de tipo extrajudicial o administrativo (CIC 1720)”… “En ambos tipos de procesos, el Ordinario tiene el deber de nombrar Delegados y Evaluadores o Jueces y Promotores de Justicia que sean prudentes, académicamente calificados y reconocidos por su sentido de la equidad”.

“En el proceso penal judicial, la víctima tiene derecho a presentar una demanda por daños y perjuicios ante el juez eclesiástico de primera instancia”… “Un proceso penal canónico, ya sea judicial o administrativo, termina con uno de tres posibles resultados: una decisio condemnatoria (donde la reus es declarada culpable de un delito canónico); una decisio dimissoria (donde las acusaciones no han sido probadas); o una decisio absolutoria (donde el acusado es declarado inocente)”.

La interface con la jurisdicción civil

Scicluna afirma que “Debe respetarse la competencia de las autoridades estatales. Las leyes de información deben ser seguidas cuidadosamente y un espíritu de colaboración beneficiará tanto a la Iglesia como a la sociedad en general”.

También afirma que no siempre coinciden los marcos jurídicos sobre la prescripción del delito en todos los países. En este caso, afirma: “La ratio legis aquí es que el establecimiento de la verdad y la garantía de la justicia requieren la posibilidad del ejercicio de la jurisdicción judicial en favor del bien común, incluso en los casos en que el delito se haya cometido hace mucho tiempo”.

Implementar las decisiones canónicas

Scicluna insiste en la responsabilidad del Obispo y del Superior Religioso: “tienen el deber de supervisar la implementación y ejecución de los resultados legítimos de los procedimientos penales. Se debe tener en cuenta el derecho del acusado a recurrir a los recursos permitidos por la ley contra una decisión de la Corte, decisión que lo agravia”.

“Nuestra gestión también debería abarcar la cuestión urgente y a largo plazo de la prevención de la conducta sexual indebida en general y del abuso sexual de menores en particular”. Para esto es importante la formación del clero, de seminaristas y de todas las personas que laboren con menores.

El rol del obispo es fundamental, afirmó. Es un rol de cercanía al pueblo y a sus sacerdotes. Que la paternidad sea la característica primera para ser testigos creíbles de la verdad y de Jesucristo. Insiste, “Un buen administrador dará poder a su comunidad a través de la información y la formación”.

También, abordó el tema de la selección de los obispos: “Los Obispos y Superiores Religiosos tenemos el deber sagrado de ayudar al Santo Padre a llegar a un discernimiento adecuado sobre los posibles candidatos para el liderazgo como Obispos. Es un grave pecado contra la integridad del ministerio episcopal ocultar o subestimar hechos que pueden indicar deficiencias en el estilo de vida o en la paternidad espiritual de los sacerdotes sujetos a una investigación pontificia sobre su idoneidad para el oficio de obispo”.

Finalizó su alocución, animando a los laicos para que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia, y dirigiéndose al pleno afirmó, citando al Papa Francisco, que “La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión».

Fuente: Vatican News

Vaticano, 21-02-2019

 

Cardenal Gracias: Una Iglesia colegial para vencer la plaga de los abusos

En la apertura de la segunda jornada del Encuentro «La protección de los menores en la Iglesia», que se celebra en el Vaticano, el Cardenal indio Oswald Gracias centró la atención sobre los discernimientos rigurosos y las diversas acciones que impidan los abusos en el futuro, trabajando «juntos», porque «tenemos mucho por delante».

Una «Iglesia colegial que se asume la responsabilidad para el futuro». Es la imagen que traza el Cardenal Oswald Gracias, Arzobispo de Bombay, ex Presidente de la Conferencia Episcopal de la India y miembro del Comité organizador del Encuentro «La protección de los menores en la Iglesia», que se celebra en la Ciudad del Vaticano del 21 al 24 de febrero. En su relación, tras la oración inicial, con la que comenzó la segunda jornada de estos trabajos, dedicada al tema de la obligación de rendir cuentas, el Purpurado hizo hincapié en una Iglesia colegial y sinodal, que – dijo – se enfrenta a una «crisis polifacética», provocada por los abusos sexuales contra menores y adultos vulnerables «en la Iglesia Católica» y por la «sucesiva incapacidad de afrontarlos de manera abierta, responsable y eficaz».

También relató haberse reunido, hace apenas dos semanas, con un grupo de víctimas, doce personas, algunas de las cuales afirmaron que habían perdido la fe en Dios y en la Iglesia, y hay muchas otras – afirmó – que aún no han sido escuchadas. Por lo tanto, el reto es: «Cómo ayudarlas”.

Un punto de vista honesto

Asimismo aclaró que toda la Iglesia «debe adoptar una postura honesta, emprender discernimientos rigurosos y actuar con decisión para impedir que en el futuro se verifiquen más abusos, haciendo todo lo posible para favorecer la curación de las víctimas». Y recordó que el Papa, al invitar a los Presidentes de las Conferencias Episcopales nacionales, «está poniendo de manifiesto de qué manera la Iglesia debe afrontar» esta crisis, precisamente, a través de la vía de la «colegialidad y del carácter sinodal». A la vez que añadió que con la «ayuda de Dios», será posible «modelar y definir» el modo con el que la entera Iglesia, a nivel «regional, nacional, diocesano local e incluso parroquial», asumirá el «deber» de afrontar los abusos sexuales en su propio interior.

Toda la Iglesia

El Cardenal Gracias reiteró que la colegialidad es un «contexto esencial» para afrontar las heridas causadas por el abuso infligido «a las víctimas y a la Iglesia en general». Y reflexionó acerca del hecho de que ningún obispo debería decirse a sí mismo: «Afronto solo estos problemas y desafíos», porque él pertenece «al colegio de los Obispos, en unión con el Santo Padre», compartiendo «el deber de rendir cuentas y la responsabilidad». Además, dijo que ningún Obispo puede decirse a sí mismo: «Este problema de abuso en la Iglesia no me concierne, porque las cosas son diferentes en mi lugar del mundo.

No se ha hecho lo suficiente en los puestos de liderazgo

No es un problema que sólo afecte a Estados Unidos, Europa o Australia: hay casos en todo el mundo – continuó – incluso en Asia, incluso en África. E hizo un llamado a la corresponsabilidad a la hora de afrontar el problema de los abusos sexuales contra los menores por parte de los clérigos en todo el mundo, admitiendo y reconociendo la inadecuación de las medidas preventivas, pidiendo perdón y comprometiéndose resueltamente a tomar medidas para que esto no vuelva a suceder nunca más en la Iglesia, para tener una Iglesia libre del abuso sexual de los niños. Por lo tanto, reconociendo también que no se ha hecho lo suficiente en las funciones de liderazgo.

Diversidad de personas y situaciones

«Cada uno de nosotros – explicó el Cardenal Arzobispo de Bombay – es responsable de toda la Iglesia», con una preocupación que vaya «más allá de la Iglesia local para abrazar a todas las Iglesias con las que estamos en comunión». Al afrontar «juntos el flagelo del abuso sexual, es decir, colegialmente», el Purpurado manifiesta su deseo de «una visión singular y unitaria», «con la flexibilidad y adaptabilidad que deriva de la diversidad de las personas y de las situaciones de nuestra atención universal».

Conversación abierta

«No podemos ignorar – continuó diciendo – que en la Iglesia hemos tenido dificultades para afrontar la cuestión del abuso de modo correcto» y que también los obispos tienen «tal responsabilidad». Por esta razón se preguntó si los obispos se empeñan «realmente» en mantener una «conversación abierta», señalando «honestamente» a sus hermanos «obispos o sacerdotes» frente a un «comportamiento problemático». La exhortación es a «cultivar la cultura de la correctio fraterna» y, al mismo tiempo, considerar «las críticas de un hermano como una oportunidad para realizar mejor nuestros deberes», admitiendo «personalmente los errores unos con otros» y pidiendo ayuda «sin querer pretender ser perfectos»: manteniendo «verdaderamente una relación fraterna», en estos casos – explicó – «no debemos preocuparnos por dañarnos a nosotros mismos», aunque «demostremos debilidad», sino tener la humildad de hacerlo.

Descentralizar el trabajo

Cada Obispo – recordó el Cardenal Gracias – obedece «directamente al Santo Padre». En esta perspectiva el Purpurado insta a preguntarse «honestamente» si «a veces» no se piensa que la relación con los demás Obispos «no es tan importante, sobre todo si los hermanos tienen una opinión diferente y o sienten la necesidad de corregirnos». El camino es el de «una confrontación entre la Curia Romana y nuestras Conferencias Episcopales». El Cardenal Arzobispo de Bombay lanza la idea de descentralizar, llevando a cabo la mayor parte del trabajo a nivel episcopal nacional en el estudio e investigación de los casos.

“Es una forma de daño espiritual directo que sacude la fe e interrumpe drásticamente el camino espiritual de quienes sufren abusos, sumergiéndolos, a veces, en la desesperación ”

El reto

Los abusos revelan «una compleja red de factores interconectados», entre los cuales «psicopatología, decisiones morales pecaminosas, entornos sociales que permiten el abuso» mismo, «respuestas institucionales y pastorales a menudo inadecuadas o claramente dañinas o falta de respuesta». El abuso perpetrado por «clérigos», Obispos, sacerdotes, diáconos y por «otros que sirven en la Iglesia», como por ejemplo maestros, catequistas o entrenadores, se traduce – dijo el Cardenal – en «daños incalculables» tanto «directos» como «indirectos». «Sobre todo» el abuso inflige daños a los supervivientes: un daño «físico» e «inevitablemente psicológico», con todas las consecuencias «a largo plazo» de cualquier «trauma emocional grave ligado a una profunda traición a la confianza». Con mucha frecuencia – subrayó – es una forma de «daño espiritual directo que sacude la fe e interrumpe drásticamente el camino espiritual de quienes sufren abusos, sumergiéndolos, a veces, en la desesperación».

Respuesta inadecuada

También existe el daño indirecto del abuso, que resulta «a menudo de una respuesta institucional fallida o inadecuada». Sus causas podrían ser: la «falta de escucha de las víctimas», no tomar «en serio» sus reclamaciones; la falta de «asistencia y apoyo a las víctimas y a sus familias», dando en cambio «prioridad a las cuestiones institucionales en lugar de atender a las víctimas»; no «apartar» a los acosadores de situaciones que podrían permitirles «abusar de otras víctimas»; y no ofrecer «programas de formación y detección» para quienes trabajan con niños y adultos vulnerables.

“Tener la humildad de admitir haber cometido errores y de esto hay que aprender para el futuro ”

El encuentro con las víctimas: jamás minimizar

Recuerda su reciente reunión con un grupo de víctimas. Hubo quien le ha confesado que ha perdido la fe en Dios y en la Iglesia. Y también experiencias de hace algunos años: cuenta que conoció a una persona con una posición muy elevada de responsabilidad en el mundo secular, que no podía perdonar. Admitió que discutió el asunto con su interlocutor de manera racional, pero sin haber logrado progresos. El Cardenal refirió que se ha dado cuenta con el tiempo del daño duradero, a veces permanente, que el abuso implica en la persona y en su psiquis. Jamás hay que minimizar tal daño, subrayó. También refirió que conoció a algunos jóvenes cuya personalidad había cambiado a causa de los abusos: ni siquiera lograban estudiar, y tener relaciones normales; estaban destruidos. De ahí que haya exhortado, una vez más, a tener la humildad de admitir haber cometido errores y de esto hay que aprender para el futuro.

Un reto sin precedentes

En este desafío «sin precedentes» – señaló el Purpurado – hay que tener en cuenta las comunicaciones actuales y las conexiones globales: por lo tanto, la colegialidad se hace aún más decisiva en la situación actual. Para mirar y afrontar la crisis, aunque esto no signifique una solución rápida y definitiva. Pero es un camino que recorrer juntos, mejorando continuamente, con ayuda mutua, aprendiendo de los errores.

Justicia

El Cardenal Gracias abordó tres temas en su reflexión: justicia, sanación y peregrinación. Si bien el abuso sexual «es muchas cosas, entre las cuales la violación y la traición de la confianza», en su raíz es «un acto de grave injusticia». Las víctimas supervivientes hablan de su sentimiento de ser violadas injustamente. Y explicó que «un deber fundamental» es «volver a hacerles» justicia: por lo tanto, «defender y promover la justicia de Dios» e implementar «las normas de justicia que pertenecen a nuestra comunidad eclesial», implementando «de manera ecuánime y eficaz» la ley y el proceso eclesiástico. El abuso sexual de menores y personas vulnerables «no sólo infringe la ley divina y eclesiástica», sino que es también un «comportamiento criminal público». La Iglesia «vive en el mundo y con el mundo», «reconoce la autoridad legítima del derecho civil y del Estado» y «colabora con las autoridades civiles en estos contextos para hacer justicia a los supervivientes y al orden civil». De manera que «quienes se han vuelto culpables de un comportamiento criminal – reafirmó – son justamente responsables ante la autoridad civil por lo que han hecho».

Red de relaciones fuertes

El Cardenal Gracias recordó también las complicaciones que surgen «cuando hay relaciones antagónicas entre la Iglesia y el Estado» o cuando el Estado «persigue o está dispuesto a perseguir a la Iglesia». Y señaló que «sólo en una red de fuertes relaciones entre los Obispos y las Iglesias locales que trabajan juntos, la Iglesia puede navegar por las aguas turbulentas del conflicto con el Estado y, al mismo tiempo, tratar adecuadamente el crimen de los abusos sexuales».

Debe haber una comunicación clara, transparente y coherente con las víctimas, con los miembros de la Iglesia y con la sociedad en general

Sanación

«Además de defender la justicia – prosiguió – una Iglesia colegial representa la sanación», llegando a las víctimas de abusos y a las comunidades cuya confianza ha sido «traicionada o severamente puesta a prueba». Por lo tanto, debe haber una «comunicación clara, transparente y coherente» con las víctimas, con los miembros de la Iglesia y con la sociedad en general. Diversos serán los mensajes. El dirigido en especial a las víctimas, con «una solidaridad respetuosa y el reconocimiento honesto de su dolor y sufrimiento». El que contenga una propuesta de sanación, «desde el asesoramiento profesional hasta el apoyo a grupos de coetáneos, y otros medios», desarrollando tales vías de sanación «para señalarlos también a aquellos que están haciendo el mal». El camino que conduzca a «identificar y aplicar medidas para proteger a los jóvenes y a las personas vulnerables de futuros abusos». «Una vez más – dice el Cardenal – necesitamos una sabiduría colectiva y un pensamiento compartido para desarrollar la manera de proteger a los jóvenes y evitar la tragedia de los abusos». El dirigido a la sociedad en general, desarrollando «recursos de gran utilidad para un mundo más vasto». Y añadió que «la gracia de este momento puede ser, efectivamente, nuestra capacidad de prestar servicio a una gran urgencia en el mundo, desde el punto de vista de nuestra experiencia en la Iglesia».

“ Debemos arrepentirnos y hacerlo juntos colegialmente, porque a lo largo del camino hemos fracasado ”

Peregrinación

El hecho mismo de afrontar «la tragedia de los abusos sexuales en la Iglesia», de encontrarnos con «el sufrimiento de las víctimas», nos hace tomar conciencia – nota el Purpurado indio – de que somos «el pueblo peregrino de Dios», de que aún no hemos «llegado» a nuestro destino: somos «una comunidad llamada al arrepentimiento y al discernimiento continuo». «Debemos arrepentirnos y hacerlo juntos colegialmente, porque – aclaró – a lo largo del camino hemos fracasado», buscando el perdón, en un proceso de discernimiento «continuo». Juntos, o colegialmente – reafirmó – «debemos mirar, esperar, observar y descubrir» la dirección indicada por Dios: «tenemos mucho ante nosotros».

El ejemplo del Congo

En conclusión, el Cardenal Gracias recordó el ejemplo de los Obispos del Congo que «con gran valentía y determinación» afrontaron los desafíos «sociales y políticos» de su país. Y lo hicieron «juntos», «colegialmente». Por eso exhortó a «reivindicar, o mejor reclamar» con «humildad y franqueza» nuestra identidad en el Colegio Apostólico unido «al Sucesor de Pedro»; a invocar «valentía y audacia», porque el camino «no está trazado con gran precisión y exactitud»; a abrazar la vía del discernimiento «práctico», según la voluntad de Dios en las circunstancias concretas de nuestra vida; a estar dispuestos a pagar el «precio» de seguir la voluntad del Señor en circunstancias «inciertas y dolorosas».

Al invocar al Espíritu Santo, pidió también a los fieles laicos que oren por esa Iglesia que debe tener humildad para admitir que no es perfecta y que debe demostrar que es «el Sacramento de Cristo».

 

Fuente: Vatican News

Vaticano, 22-02-2019

Entrevista Mons. Ali Herrera: Nuestra prioridad son las víctimas

La situación actual de los episcopados de América Latina y el Caribe en materia de protección de menores, el camino realizado por la Iglesia Universal, los frutos esperados de este encuentro: son algunos de los temas abordados con Mons. Luis Manuel Ali Herrera, Miembro de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores.

El camino sinodal que lleva al encuentro de los Presidentes de los episcopados del mundo con el Romano Pontífice comenzó en el mes de noviembre con la Institución del Comité organizativo y la fase de consultación. Mucho antes, bajo el pontificado de Francisco, nacía la idea de una Comisión de expertos que actuase como un órgano asesor del Santo Padre para la protección de los menores y adultos vulnerables en el Consejo de Cardenales de diciembre de 2013, instituida luego en 2014 por el Papa Francisco. Cabe recordar en grandes rasgos el camino de la Iglesia iniciado mucho antes aun: en el «inmediato» pasado, la enmienda de Benedicto XVI al Motu proprio de San Juan Pablo II Sacramentorum Sanctitatis Tutela sobre los delicta graviora, que a su vez encuentra su raíz en el canon 1395 del Derecho Canónico. Y, en el inmediato presente, la Carta Apostólica en forma de Motu proprio «Como una madre amorosa», del Papa Francisco.

En el camino que ha llevado a este encuentro en el Vaticano, una de las tareas de la Comisión Pontificia para la Tutela de los menores, ha sido la de promover la responsabilidad local en las Iglesias particulares para la protección de todos los niños, jóvenes y adultos vulnerables. Monseñor Luis Manuel Ali Herrera, Auxiliar de Bogotá y miembro de dicha comisión, explica los trabajos en esta América Latina y el Caribe:

R.- En la gran mayoría de las conferencias episcopales de Latinoamérica, de Centroamérica y el Caribe, el tema se ha estado hablando, me parece a mí con el debido tino y la prioridad que se amerita. Varias conferencias episcopales nacionales han creado, sobre todo en estos últimos cinco años, las Comisiones Nacionales. Puedo mencionar por ejemplo la Conferencia Episcopal de México, la de Chile, la de Argentina, la de Paraguay y la de Colombia. En México, por ejemplo, ya están formando las Comisiones de Protección de menores de edad a nivel regional, y la iniciativa de la Universidad Pontificia de México con su centro investigación y formación interdisciplinar propone una iniciativa muy interesante que favorece a toda la región. Otras conferencias, como la de Brasil, han nombrado un obispo responsable a nivel nacional – como tantas otras – y también varias diócesis locales ya tienen sus Líneas Guía y las están implementando con todas sus iniciativas pastorales. Tenemos reseña de varias iglesias locales que han abierto sus oficinas para el Buen Trato, es la realidad que estamos viviendo por ejemplo en Colombia. Puedo mencionar que en la Arquidiócesis de Cali y en la de Bogotá ya tenemos nuestras oficinas con el personal que trabaja en ellas y que promueven la Cultura del Buen Trato.

Uno de los puntos fundamentales en el encuentro será aquel relacionado con la transparencia. Según usted, ¿cuál es la justa medida para no producir una “re victimización” a los supervivientes?

R.- Cuando trabajamos con víctimas es necesario que se den cuatro puntos que son fundamentales para su proceso, declaración y su crecimiento interior. La justicia, la verdad, la reparación integral y la no repetición. Es necesario que se conozcan estas situaciones. En muchos casos las víctimas nos piden que sean conocidos los perpetradores creíbles, y en ese caso, nosotros tenemos una responsabilidad de transparencia no solamente con ellos, sino también con la sociedad civil. Los países latinoamericanos reportan un índice muy alto de violencia sexual contra niños, contra niñas y adolescentes, y por ese motivo reportar esos casos en cada uno de nuestros países es algo fundamental, precisamente para que no sigan ocurriendo. Para nadie es un misterio que en muchos de nuestros países latinoamericanos en la trata de personas y el turismo sexual están implicados menores de edad, y es muy importante esa transparencia en todas esas situaciones. Acontece también dentro de la Iglesia: en la Iglesia necesitamos esa transparencia y esa verdad exigida por las víctimas, pero además, por nuestra responsabilidad moral como Institución que es abanderada en todos los proyectos e iniciativas morales en la región.

Ahora bien, esta transparencia tiene que ser con los debidos procesos y evitando precisamente la re victimización. Es decir transparencia sí pero con responsabilidad y también teniendo en cuenta qué es lo mejor para las víctimas. Hay algunas situaciones en las cuales es necesario ser muy agudos y discernir muy bien si la revelación de una de estas situaciones, y especialmente la revelación de algunos agresores, no afecta el proceso de sanación de las víctimas.

¿Qué dice el Derecho Canónico sobre la pedofilia y el abuso sexual de menores por parte de un miembro del clero?

R.- El Derecho Canónico solamente tiene un canon: el famoso canon 1395 donde se penaliza cualquier situación que afecte el sextum (sexto mandamiento, ndr) especialmente contra menores – dice específicamente este cánon – de 16 años. Esa es la razón por la cual san Juan Pablo II nos presenta su Motu Propio Sacramentorum Sanctitatis utela, donde señala cómo vamos a trabajar todos esos casos de delicta graviora. Fue necesario ampliar un poco esta visión. Y fue necesario que el Papa Benedicto XVI realizara una enmienda de este Motu Propio, en el año 2010, con lo cual aparece una implementación, una actualización y explicitación de lo que son esos delicta graviora, especialmente para que se aclare y se amplíe el canon 1395. Allí ya no estamos hablando de menor de 16 años, sino menor de 18 años. Allí es donde vienen contemplados casos, por ejemplo, como el de adultos en estado de vulnerabilidad. Allí se habla por primera vez de la pedo pornografía como una situación que puede ser penalizada a nivel canónico. Y el Motu Propio del Papa Francisco Como una madre amorosa insiste en la responsabilidad que tienen los obispos y los superiores en estos casos de delicta graviora.

¿Cuáles son las responsabilidades pastorales – jurídicas del obispo en este ámbito?

R.- Estamos hablando precisamente de ese Motu Propio del Papa Francisco donde este tema específicamente se trata con tanta profundidad, y donde la responsabilidad del obispo a nivel canónico, a nivel pastoral y también a nivel civil, es fundamental, recordando esa Carta Pastoral del Cardenal Nevada del 2011, donde indicaba a todos los presidentes de las conferencias episcopales insistir en las iglesias locales y nacionales en la responsabilidad del obispo en todo lo que tenía que ver con la protección de los niños, en la atención de las víctimas, en la formación inicial y permanente del clero, en la colaboración con la sociedad civil. Es en este orden de ideas, lo que vamos a vivir el próximo 21 de febrero con el Encuentro que va a tener el Santo Padre con los presidentes de las conferencias episcopales, es precisamente el tema fundamental que esperamos que se trabaje. Desde la responsabilidad de la Iglesia y de los obispos, de los Superiores Mayores, también la accountability – es decir la rendición de cuentas – y la transparencia. Todo ello porque es necesario insistir una y otra vez en estos tres puntos fundamentales. Es decir, ante cualquier denuncia el obispo es responsable no solamente de los protocolos canónicos y de la presentación ante la sociedad civil de esta situación, sino también del acompañamiento psicosocial y espiritual de la víctima y su familia. En esta responsabilidad también es meritorio que el obispo, el Superior General, “cree” los métodos efectivos para las denuncias y garantice la transparencia en los procesos internos. Esperamos con mucha ansia y con mucha esperanza cristiana lo que van a trabajar nuestros presidentes de las conferencias episcopales junto con el Santo Padre sobre este tema.

¿Qué frutos se espera de este encuentro?

R.- Creo que con este encuentro debemos tener expectativas realistas. Me parece que muchas de estas situaciones se van abordando a lo largo de los procesos que tenemos en cada una de nuestras naciones y conferencias episcopales. Yo espero tres frutos fundamentales de esto. Primero: el acelerador, es decir, que todos como Iglesia Católica, y todos los presidentes de las conferencias episcopales, sientan que este tema es prioritario, es urgente. El segundo fruto es que las conferencias episcopales actualicen sus líneas guía, y no solamente la actualicen, sino que realmente ayuden a las iglesias locales para que se vean realizadas en proyectos concretos de protección y de protocolos serios. En mi país los llamamos «rutas de atención», para las víctimas, sus familias o todas las personas que quieran denunciar estos casos. Y el tercer fruto que me auguro en esto es que los procesos canónicos sean cada vez más expeditos. Es decir, que todos estos procesos que inician en las diócesis con las investigaciones preliminares y que luego mandan a la Congregación de la Doctrina de la Fe, sean procesos mucho más ágiles, porque a veces son situaciones que pueden demorar años. Creo que son tres frutos posibles y me parece que si todos nos ponemos en ese sentido de urgencia y de importancia por el amor y por el respeto a nuestras víctimas, y la protección de nuestras niñas, niños y adolescentes, es posible realizarlo en los próximos meses y proyectarlo en los próximos años.

Fuente: Vatican News

Vaticano, 20-02-2019

Actuar como “una Iglesia” en materia de prevención de abusos constituiría un gran avance

Ana María Celis destacó el valor de que las víctimas de abuso puedan encontrar estándares similares al ser escuchados y acogidos, que se juzgue a los responsables, y se tome en cuenta la experiencia de las víctimas para prevenir nuevos casos.

Ana María Celis, presidenta del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento a Víctimas, organismo de la Conferencia Episcopal de Chile, analizó el alcance del encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, que se desarrollará en Roma entre el 21 y el 24 de febrero de 2019.

 

En opinión de la abogada y experta en derecho canónico, ante las altas expectativas es importante mantener un sano realismo: “la reflexión de estos días no producirá efectos inmediatos, sin embargo, el carácter de este encuentro debiese traducirse en dos cambios importantes: en primer lugar, la indispensable sensibilización y toma de conciencia de los líderes de las Iglesias locales de todo el mundo frente al dolor de las víctimas, teniendo en cuenta que se les solicitó a los participantes reunirse con sobrevivientes. Y luego, que la existencia de este encuentro constituye además una acción concreta que rompe el silencio a nivel institucional, principalmente, a través de la participación del Papa durante todo el encuentro. Hasta el momento, solo se habían realizado encuentros periódicos sobre la materia entre algunas conferencias episcopales y la reunión -con una convocatoria similar a la actual- impulsada por la Universidad Gregoriana, en el año 2012”.

Un hecho significativo y que podría ser una consecuencia valiosa de este primer encuentro mundial, según manifestó Celis, es que se asuma como una necesidad que en materia de prevención del abuso sexual y recepción de denuncias, el principio de ser «una Iglesia», entendiéndose con ello que «en cualquier lugar, en diócesis y comunidades religiosas, en parroquias, escuelas, hogares y en todo ámbito pastoral, quienes han sufrido delitos de abuso por miembros de la Iglesia, puedan esperar estándares similares en cuanto a la disponibilidad para ser escuchados y acogidos, recibir sus denuncias, que se juzgue a los responsables, y se tome en cuenta la experiencia de las víctimas para prevenir nuevos casos. En este mismo sentido, no basta con normas y políticas apropiadas, sino que una adecuada implementación debe monitorearse, sin esto se arriesga a que sólo se converse acerca de buenas intenciones. De ahí que en nuestro país resulten tan relevantes las atribuciones que en ese sentido se dieron al Consejo Nacional en agosto pasado».

La profesional agregó que representaría un gran avance que se realicen reuniones regionales periódicas en donde se aprenda más y se compartan nuevas experiencias, tal como lo han venido haciendo algunos países y como es el caso de la Annual Anglophone Conference. Los obispos y encargados de las conferencias episcopales de Australia, Escocia, Estados Unidos de América, Inglaterra y Gales e Irlanda desde hace años se reúnen para compartir experiencias e ir profundizando en algunas materias que contribuyan eficazmente a la prevención para que niños, jóvenes y adultos vulnerables encuentren en la Iglesia un lugar de encuentro con la comunidad, en el que se establezcan relaciones sanas y sobre todo, con Cristo.

Fuente: Comunicaciones CECh

CECh, 19-02-2019

Publicado el: 22 febrero, 2019