EL GRAN REGALO

“Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” Lc 2,12

Estamos a tres días de celebrar una de las fiestas más esperadas del año. Tradicionalmente las familias se disponen en sus hogares para celebrar, se coloca el árbol de navidad, el pesebre, las luces, los adornos, todo el entorno adquiere nuevos colores y también aromas que anuncian la Navidad. Ciertamente la celebración de esta Navidad 2020 tendrá un sentido especial: recordar a seres queridos que han partido durante este año, probablemente en circunstancias complejas, agradecer a quienes se han jugado la vida en hospitales y centros de salud salvando vidas, reconocer las innumerables iniciativas de caridad y cercanía en favor de quienes más lo han necesitado durante este duro proceso que hemos vivido como humanidad.

Celebrar Navidad es volver la mirada sobre el misterio de Dios, la gran pregunta existencial de toda la historia, el mayor y gran anhelo de toda la humanidad, lo que está grabado en lo más profundo de cada ser humano: Dios. Navidad es el acontecimiento donde el misterio de Dios se desvela de una manera no esperada: “Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre(Lc 2, 12). Aquello que parecía inalcanzable para nuestras capacidades humanas se puede ver y contemplar, se puede acoger y abrazar, un niño acostado en un pesebre, el Emmanuel, el Mesías, el Cristo, la Palabra de Dios, su Hijo, se ha hecho carne y ha puesto su tienda en medio de nuestro campamento: El gran regalo de Dios para su pueblo.

Vivamos durante estos pocos días una vigilante y atenta espera de la manifestación del misterio de Dios en Jesucristo, acompañemos a María y a José, pero también dejémonos acompañar por ellos, cultivemos la oración y el silencio, gestos de caridad y solidaridad con sentido y, por sobre todo, apreciemos el gran regalo de Dios para nuestra humanidad: “un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12).

Finalizo con dos pensamientos de alguien que vivió la sencilla espiritualidad de Nazareth, junto a Jesús, María y José, que puedan resonar en estos días:

“Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa sino vivir para Él.»

“Jesús sólo se merece ser amado apasionadamente”. (Charles de Foucauld).

 

P. Bernardo Álvarez Tapia
Rector del Seminario Metropolitano «San Luis Gonzaga»

Publicado el: 22 diciembre, 2020