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La familia está llamada a ser misionera

Octubre es un mes dedicado a los adultos mayores, a las misiones y a la familia. Y este 2024, el Santo Padre nos ha invitado a vivir un Año de Oración para recuperar el deseo de estar en presencia de Dios, escucharlo y adorarlo. 

¡Qué importante es la oración en el seno de la familia! Y es que la familia que reza unida, permanece unida, pues cuando tenemos a Jesucristo en medio de nosotros, nace un amor fecundo que da mucho fruto. 

Fortalezcamos nuestra relación con el Señor a través de la oración familiar. Sin lugar a duda, es necesario cultivar en la familia un encuentro auténtico con el Señor. No existen las familias perfectas, nuestras familias son de carne y hueso, con virtudes y defectos, por lo que debemos mirarnos unos a otros desde el corazón, sabiendo que el otro no es cualquiera, sino que es un regalo que Dios nos da. El Papa Francisco dice que para vivir en clave de paz y alegría en la familia, hay que saber pedir permiso, saber dar gracias y saber pedir perdón reconociendo la propia fragilidad. Y eso, sin duda alguna, ayuda a fortalecer la unión dentro de la familia.

El Señor viene a nuestro encuentro para que también los matrimonios puedan renovar este amor, que es fidelidad, que es entrega, que es donación, y que no se reserva nada para sí mismo. Para que este amor sea fecundo es necesario el don de la gracia de Dios. 

Los animo a vivir la solidaridad, el respeto, la ternura y el amor incondicional del matrimonio, siendo conscientes de que la fuente de ese amor está en Dios trinitario y recordando el mandamiento que Jesús nos da: Que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. 

En el Mes de la Familia recemos por la vida, desde su concepción hasta su muerte natural. Y detengámonos a mirar a nuestros adultos mayores, a preocuparnos por ellos, escucharlos, atenderlos y a valorar su experiencia y toda esa riqueza que ellos tienen para aportar en el seno de la familia y la sociedad. 

Pidamos también ser una proyección de la luz y de los valores que el Señor quiere para nuestra sociedad. Pues la familia está llamada a ser misionera, siendo promotora de la esperanza y testigo del Evangelio en medio de su propia realidad, en su propio ambiente y comunidad, dando testimonio de la vida, el amor y la generosidad que dentro de la familia se vive y se manifiesta en palabras gestos y acciones. 

Que nuestras familias, iluminadas por la acción del Espíritu Santo, se dejen impregnar de los valores del Evangelio y sean canales de esos valores para todos aquellos que el Señor pone en su camino, para que en cada una de las familias se pueda vivir conforme al querer y a la voluntad de Dios, y que en ellas reine siempre la paz, el amor y la alegría. 

Familias misioneras que lleven y renueven la esperanza de aquellas familias que están pasando por momentos difíciles y de aquellas que han perdido la fe. ¡Que como familia sean misioneros de esperanza en medio de los suyos y de la comunidad en general! Así, tal cual son, pero con la confianza puesta en el Señor, quien les asiste en todo momento y circunstancia.  

Mons. Oscar García B.
Obispo Auxiliar de Concepción

 

Fuente: Revista Nuestra Iglesia

Publicado el: 14 Octubre, 2024
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