Este primer domingo del año 2026, la Iglesia nos invita a recordar la Epifanía del Señor. Nuestros pesebres se completan con las enigmáticas y queridas figuras de los magos, sabios venidos de Oriente. Estos personajes, que son presentados solamente por san Mateo, revelan el horizonte universal de la salvación que aprecia el evangelista: serán muchos los corazones tocados por el nacimiento del Señor Jesús. El relato muestra el maravilloso acontecimiento de la venida del Salvador, que trasciende la historia, las naciones y las culturas; todos son invitados a vivir el gozo de este gran encuentro.
Los magos venidos de Oriente representan corazones inquietos, en búsqueda. En el trabajo de su observación cotidiana, aprecian algo distinto que no los deja indiferentes: es una estrella que los motiva a detenerse, despierta preguntas y los desafía a una interpretación. La manifestación de esta estrella contiene un mensaje: ha nacido un nuevo rey. La disposición de estos buscadores es admirable: dejan sus seguridades y se ponen en camino. Consideran tan valiosa la posibilidad del encuentro con el nuevo rey que ha nacido, que avanzan sin tener mayor certeza del recorrido; solo son guiados por el resplandor de una estrella.
El comienzo del año nos abre al horizonte de un nuevo recorrido. Somos peregrinos y también buscadores del sentido del tiempo; tenemos necesidad de formular preguntas profundas que permitan dar sentido a nuestra existencia. Aunque los modelos actuales nos quieren reducir a meros operadores, consumidores, comentadores y repetidores de ideologías, contenidos y modas, nuestro espíritu busca algo más: salir de este esquema prefabricado y desafiarse al encuentro con la Realidad. Para vivir este encuentro se requiere ayuda, la luz que viene de lo alto. Podemos pensar en el don de la fe que ilumina la existencia e invita a dejarnos conducir; la fe nos orienta en medio del desierto de la vida y, con su luz, impide que perdamos el rumbo.
Un buen deseo para este año 2026 sería pedir el don de la fe, como la define hermosamente el autor de la carta a los Hebreos: “La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve” (Heb 11,1). Que la fe sea signo de la luz que ilumine nuestros pasos durante este año, que nos regale la claridad suficiente para tomar el camino recto, que engendre en nuestros corazones el deseo del encuentro con el Salvador y nos ayude a ser sus testigos en la sociedad de hoy.
+Bernardo Álvarez T.
Obispo Auxiliar de Concepción