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Un año del Papa León


El próximo 8 de mayo se cumple el primer año desde que Robert Prevost fue elegido Papa y tomó el nombre de León XIV. Todavía es poco tiempo para analizar un papado, pero estamos muy agradecidos por su cercanía, sencillez y testimonio de fe.

Algunos buscan marcar las diferencias y hasta oponer a León frente a Francisco: que el actual Papa usa la muceta roja sobre la sotana blanca, que vive en el Palacio Apostólico y no en la casa Santa Marta, etc., pero la verdad es que estos aspectos no son determinantes en un análisis. Más allá de las diferencias en personalidad y estilo —¡Bendito sea Dios que nos hace distintos!—, en los lineamientos y la guía de la Iglesia no hay un quiebre entre ambos.

León ha sido un fuerte promotor de la paz y contra la guerra. En su reciente visita a África se ha presentado como “servidor del diálogo, de la fraternidad y de la paz”, y ha urgido a romper las cadenas de corrupción y a buscar un desarrollo integral para los pueblos.

Especialmente claro ha sido en su rechazo a las guerras, llamando a los líderes del mundo a abandonar las armas y a no sacrificar la vida humana: “Ningún interés puede valer la vida de los más débiles, de los niños, de las familias; ninguna causa puede justificar el derramamiento de sangre inocente”, ha dicho. Tan claro ha sido, que cuando el presidente Trump amenazó con hacer desaparecer toda una civilización, refiriéndose a Irán, León señaló que esas palabras eran inaceptables. Ha sido explícito, asimismo, en condenar el uso de la religión para justificar las guerras: “Dios no escucha las oraciones de los que hacen la guerra, sino que las rechaza”.

En los temas más internos de la Iglesia, ha reiterado la actualidad de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, que es un auténtico programa del Papa Francisco para la Iglesia y que León nos sigue planteando: una Iglesia misericordiosa, acogedora, madre de brazos abiertos; una Iglesia en salida que sale a ofrecer a todos el amor de Jesucristo; una Iglesia que tiene que trabajar en su propia conversión para fortalecer su misión: “Tenemos que buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera (…) siempre dispuesta y abierta a recibir, como esta plaza, con los brazos abiertos a todos”, dijo en su primer discurso como Papa.

León ha continuado también el camino de la sinodalidad para la Iglesia, que busca que todos los bautizados seamos más corresponsables en su vida y misión. Él mismo se sitúa como hermano, a la escucha de todos, repitiendo la famosa frase de san Agustín: “cristiano con ustedes y Obispo para ustedes”.

Entre los varios documentos que nos ha entregado, destaca de modo especial la Exhortación Apostólica Delixe te, sobre el amor hacia los pobres, donde se nos invita a percibir la profunda conexión que hay entre el amor al Señor y el amor a los pobres. Como es propio de la enseñanza cristiana, nos ha llamado no solo a la caridad —que sigue siendo necesaria y hay que expresar en gestos, limosna y otras prácticas—, sino a remover las causas sociales y estructurales de la pobreza, a través del compromiso por la justicia.

Dios bendiga al Papa León y lo sostenga en su ministerio al servicio de la Iglesia y del mundo.

 

Sergio Pérez de Arce A.
Arzobispo de Concepción

Publicado el: 2 Mayo, 2026
© Arzobispado de Concepción