La Mujer que nunca he tenido amistad con la Serpiente

En la solemnidad de la Inmaculada Concepción vale la pena preguntarse honestamente cuánta amistad he tenido con la serpiente. ¿Cuál serpiente? Pues aquella a la que Dios dijo: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza cuando tú le aceches el talón” (Génesis 3, 15). Este pasaje, que forma parte de la primera lectura que cada año se proclama en la Eucaristía del 8 de diciembre, da cuenta de las sentencias que Dios dicta frente a la caída original de nuestros primeros padres.

Podemos confirmar que esta serpiente representa al demonio que ha buscado desde siempre destruir la amistad entre Dios y el ser humano, propiciando una falsa amistad que pareciera ser más ventajosa que la que Dios nos ofrece. El problema es que esta serpiente – lo declara el mismo pasaje del Génesis – es más astuta y sus trampas son más ingeniosas y sutiles que nuestra capacidad de reconocer el bien y el mal. También podemos estar seguros de que la mujer de la que habla esta sentencia prefigura a María, la Madre de Jesús, ya que ella es la única que nunca ha tenido amistad con la serpiente y su descendencia aplastó la cabeza del enemigo. Cuando celebramos la Inmaculada Concepción de María, celebramos que, desde el inicio de su vida, su amistad con Dios ha sido purísima y permanente. Eso es lo que celebramos, para que inspirados y ayudados por ella, su santidad constante fortalezca nuestro camino de fe a veces tan inconstante.

En un mundo dominado por tantas experiencias de mal, podemos decir que hay demasiadas buenas relaciones con la serpiente en todo orden de cosas: a la serpiente le gusta mentir y estamos dominados por la mentira, a la serpiente le gusta engañar y las estafas y fraudes abundan en la sociedad, a la serpiente le gusta hablar mal de los demás y nos parece de lo más delicioso hablar mal de quienes nos han hecho daño o, simplemente, nos caen mal, a la serpiente le viene bien la vanidad, el orgullo y la soberbia y hay tantas luchas por ser el primero y, a veces, él único en tener la razón. Honestamente, estos males se verifican con frecuencia en nuestras propias vidas, afectando nuestra relación con Dios y, al mismo tiempo, con las personas que nos rodean. Por eso, a la pregunta sobre qué tan amigo soy de Dios, cabe la contra pregunta: ¿Cuánta amistad tengo hoy con la serpiente?

Nuestra Madre Inmaculada, que nunca ha tenido amistad con la serpiente, nos invita a abandonar toda relación amistosa con el demonio, con quien hemos tenido una complicidad tantas veces disimulada por las apariencias religiosas. No es casualidad que nuestra Iglesia esté tan desacreditada en la sociedad. Simplemente y en gran medida ha sido el resultado de nuestra ‘amistad’ o de nuestros ‘negocios’ con la serpiente. Puede ser que la sociedad no le guste lo que decimos, pero no es menos cierto que la mayoría de las veces para desacreditarnos les basta mostrar algunos de nuestros ‘negocios’ más deshonestos. Y así nos dejan callados.

¿Cómo podemos exigir de la política y de los políticos fidelidad a la verdad? Tenemos que estar dispuestos a ser fieles a la verdad, aunque esa verdad nos afecte en algún momento. ¿Cómo podemos exigir justicia para los que han sido pasados a llevar, los abusados y los más vulnerables?  Actuando con justicia con quienes trabajan con nosotros o para nosotros, con aquellos que poseen o saben menos que nosotros y con aquellos que confían en nosotros. ¿Cómo podemos doblegar la violencia que se impone en las calles, en los caminos y en las casas? Optando por la paz, abandonando la soberbia de decir que tenemos la razón y cuidando de los heridos que la violencia dejó a su paso. ¿Cómo podemos lograr que cambie nuestro mundo? En resumen, rompiendo con la serpiente y viviendo la amistad permanente con Dios al modo de María, nuestra Madre Inmaculada.

P. Mauricio Aguayo Quezada
Párroco de Nuestra Señora de la Candelaria
Vicario para la Pastoral

 

Publicado el: 8 diciembre, 2020