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La pasión de Jesús, belleza que salva al mundo


Dentro de dos semanas se iniciará la Semana Santa 2025 con la celebración del Domingo de Ramos. Para la fe cristiana, para los cristianos y muchas personas, estos días guardan en sí mismos un profundo sentido: son días de recogimiento, silencio y reflexión. Las comunidades preparan con dedicación cada jornada de Semana Santa, esperando compartir en la fe la Pascua de Jesucristo: su pasión, muerte y resurrección. Con la vivencia de estos días santos se renueva la vocación fundamental de cada cristiano: la vocación bautismal, la vida nueva en Cristo (Rm 6, 4).

La Semana Santa es memoria que se actualiza cada año y que nos regala la maravillosa oportunidad de apreciar la comunión de Jesucristo con la humanidad. Por medio de cada celebración podemos contemplar los últimos días de su peregrinar histórico: desde la entrada en Jerusalén, siendo aclamado por la multitud, pasando por la intimidad de la Última Cena con sus discípulos en el cenáculo, hasta la dura experiencia de soledad en la agonía de Getsemaní frente a su muerte inminente.

Contemplar los misterios de la entrega de Jesús nos permite reconocer el encuentro entre el amor de Dios manifestado en Cristo y la experiencia radical del mal. A través de una serie desencadenada de injusticias y padecimientos que reflejan el drama humano frente al mal, el Justo se enfrenta a las profundas lógicas de mal arraigadas en el corazón humano:

Jesús vive en su carne la traición de Judas, su discípulo, que lo vende por treinta monedas de plata; experimenta el abandono de sus amigos, la triple negación de Pedro —el primero de los apóstoles—; es sometido a un juicio con testigos falsos; presencia el lavado de manos de Pilato ante la presión de la mayoría que pedía su crucifixión; sufre el despojo de sus vestiduras, escucha las burlas y recibe castigo; colocan sobre su cabeza una corona de espinas. Finalmente, avanza por el camino de la cruz y ofrece su entrega, suplicando el perdón por sus propios verdugos. Se cumplen con total plenitud las palabras del mismo Señor: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13).

La Semana Santa es una oportunidad para contemplar a Jesucristo en su entrega por amor. Este es, verdaderamente, el amor que redime, que libera, que da sentido y plenitud a la existencia. Es un amor que, en su oblación, manifiesta tal belleza que termina por salvar al mundo.

¡Vivamos la Semana Santa!

+Bernardo Álvarez T.

Obispo Auxiliar de Concepción

Publicado el: 29 Marzo, 2025
© Arzobispado de Concepción