Nos encontramos en la víspera de la Semana Santa 2025, un tiempo particularmente especial al celebrarse dentro del marco del Año del Jubileo, iluminados por el lema: “Peregrinos de Esperanza”. Este lema nos invita a caminar confiados en la historia, contemplando el horizonte abierto por la entrega de Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección.
Es oportuno reflexionar y conectar estos días de pasión con la realidad del mundo actual, marcado por guerras fratricidas, banderas de conflicto alzadas en nombre del poderío económico, desplazamientos forzados, persecuciones étnicas y religiosas, así como la destrucción de innumerables vidas que quedan a la vera del camino. Todos estos signos de muerte generan un profundo desconcierto ante el futuro, oscureciendo el sentido de la existencia. En medio de este panorama surge la pregunta: ¿cómo seguir adelante? ¿En qué podemos sostenernos frente a este mar de incertidumbres?
El Papa Francisco nos anima en estos tiempos convulsionados, desde su testimonio de fragilidad física, a esperar con fe. En la Bula de Convocatoria del Jubileo 2025 nos dice: “La esperanza nace del amor y se funda en el amor que brota del Corazón traspasado en la cruz […] La esperanza cristiana no engaña ni defrauda porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino” (SNC 3). En otras palabras, en medio de todo se reafirma un corazón que late eternamente, traspasado por un amor incomparable; unos brazos abiertos que nos cobijan y unas heridas capaces de sanar nuestras dolencias: es Jesús, el apasionado.
La pasión de Jesús es la humanidad, en su profundo deseo de ofrecer su vida. Por ello, invita a sus discípulos a ser partícipes de su entrega: comer su cuerpo, beber su sangre y vivir su pasión nos comprometen a ser sus testigos en el mundo actual. Vivamos estos días conectados con Jesús, llevemos su consuelo, sequemos las lágrimas de quienes sufren a nuestro alrededor y compartamos su vida en esta Semana Santa.
Mons. Bernardo Álvarez T.
Obispo Auxiliar de Concepción