Los amigos de Job

En estos tiempos de COVID19 se manifestó, de manera espontánea, una posibilidad de atención a los hermanos que yo llamo “Pastoral del teléfono”. Algunas personas sencillamente se comunicaron y expusieron sus sentimientos en medio de esta difícil situación que vivimos todos. Se dialoga sobre dolor, miedo, angustia, necesidad, etcétera. Todos buscando respuestas ante su ‘propio dolor’ y su propia experiencia. lo que me hace pensar es que casi todos (creyentes o no), tienen una palabra referente a Dios, algunos argumentando que Dios se olvidó de ellos, otros confiando que Dios los ayudara, pero Dios siempre aparece en el análisis de la situación. La reflexión es en orden a mis respuestas ante el dolor creyente y esperanzado, o la negativa mirada hacia Dios…
Ante la experiencia de oír me recordé (y me llevo a la Biblia) de los amigos de Job. Elifaz de Teman, Sofar de Naaman, Bildad de Shoar, y sus respuestas a Job ante sus experiencias frente al dolor. Pareciera que estos amigos no estan a la altura del sufrimiento y del dolor de Job. No son capaces de sobrellevar el misterio de su sufrimiento, y exponen respuestas rápidas o concebidas de antemano. Elifaz reconoce que Job fue fortaleza para otros, pero termina culpándolo de su propio sufrimiento (Jb 3, 3,8) Su otro amigo, Bildad, quien le dice casi lo mismo: “Dios no desprecia al hombre íntegro, ni tampoco toma de la mano a los malvados” (Jb 8, 20). El tercer amigo, Sofar, utiliza casi el mismo argumento. (Jb 11, 14-16). El mensaje que se deja ver es que Dios solamente envía “calamidades a las personas malvadas”. Si usted está sufriendo una “calamidad, conclusión: debe ser un malvado. Pienso que ni el mismo Job acepto este argumento. Pero algunos hoy, sí lo creen y así lo dicen.
Que gratificante es sentirnos escuchados y que delicada tarea difícil es escuchar al hermano que nos abre su corazón con los temores y la angustia de quien sufre y teme ante lo que vive
He llegado a la conclusión de que es necesario (al menos para mí) aprender cada día a “escuchar al hermano”, cuando este hace el ejercicio de abrir su corazón, no puedo devolver “respuestas ya concebidas”, ni “recetas infalibles”, clausurar su apertura con “mis apuros y urgencias del Reino”, escuchar al hermano debe ser acto de amor profundo, hoy en día hay personas que necesitan cosas materiales, sin duda alguna pero más aún que esto necesitan ser escuchadas y no por la persona que le “han designado”, porque ellos mismos desde su corazón se abrirán ante quien les genere confianza.
Toda persona que haya compartido con un hermano que esté sufriendo sabe lo difícil que es acompañar sin tratar de dar respuestas. Es difícil sufrir en silencio con aquel que debe reconstruir su vida pedazo a pedazo, sin ninguna certeza sobre el resultado. Nuestro intento es siempre saber qué salió mal e identificar una solución. Y hasta creemos que podemos ayudarlo a eliminar la causa de su aflicción y volver a la normalidad lo más pronto posible. Preferimos encontrarle una razón al sufrimiento —sea correcta o incorrecta— antes que aceptar el misterio en la esencia del sufrimiento.
Si los amigos de Job sucumben ante esta tentación, sería tonto creer que yo nunca lo haría. ¿Cuánto daño hemos causado las personas de buenas intenciones con nuestras respuestas al sufrimiento que, aunque suenan piadosas, son equivocas porque no sabemos lo que decimos? “No hay mal que por bien no venga”, “es parte de plan de Dios”, o “Dios nunca permite más pruebas que las que cada persona puede soportar”. ¡Qué arrogante creer que yo conozco cuál es el plan de Dios! Qué necio pensar que puedo conocer la razón por la que mi hermano está sufriendo si ni siquiera conozco la razón de mi propio sufrimiento. Sería más sincero —y mucho más útil— admitir, “No sé por qué te sucedió esto. Quisiera que nadie tuviera que pasar por algo así”.
Si somos capaces de hacer preparar el corazón y seguir acompañando, nos podemos convertir en sanos conductos de la compasión de Dios. Hoy existen tantos hermanos ávidos de ser escuchados y quizá no tengo tiempo para hacerlo. En las redes sociales siempre pretendemos ser escuchados (o leídos, como yo ahora) pero bien pocas veces escuchar a otros, y los otros …a veces se mueren en silencio

Pbro. José Luis Roldán Solís
Párroco
Vicario Episcopal de Arauco

Publicado el: 18 junio, 2020