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Los niños, corazón de la fe: Su importancia en Adviento y Navidad

Estamos ad portas de iniciar el Adviento, tiempo en que la Iglesia se enfoca en la preparación para la llegada de nuestro Señor Jesús. En medio de esta celebración, no podemos olvidar la importancia fundamental que tienen los niños en nuestras comunidades. 

Los niños son el presente de la Iglesia y su participación en Adviento y Navidad es importante para su crecimiento espiritual y su formación como discípulos de Cristo. Ellos, con su inocencia y curiosidad nos recuerdan la esencia misma de la fe: la esperanza y la caridad. 

Durante el Adviento, los niños nos ayudan a recordar la espera ansiosa por la llegada de Jesús. Su entusiasmo y emoción al preparar el pesebre, decorar el árbol y cantar villancicos, nos animan a reavivar nuestra propia fe y a prepararnos con alegría y dedicación para la llegada del Salvador. 

En la Navidad, los niños nos muestran la verdadera esencia de la celebración: la alegría, la gratitud y el amor. Su capacidad para recibir y compartir el amor de Dios nos recuerda que la fe es una experiencia vivencial y no una serie de rituales y tradiciones. Este es el momento de acompañar a los niños y enseñarles el profundo significado de la Navidad, más allá de los regalos. 

Nuestra Iglesia tiene una gran responsabilidad en formar y educar a los niños en la fe. Por este motivo, las familias, nuestros sacerdotes, religiosas y agentes pastorales deben trabajar juntos para crear un ambiente que fomente la creación de una relación personal con Dios. Este esfuerzo continuo es vital para garantizar que los niños crezcan con una sólida base espiritual, capaces de vivir y transmitir los valores del Evangelio. 

En este tiempo de Adviento, y luego en Navidad, estamos llamados a involucrar a los niños en las celebraciones litúrgicas y en las actividades parroquiales. Debemos ser modelos de fe y testimonio para ellos, guiándolos y apoyándolos en su camino espiritual. 

Muchos de los niños, próximamente, recibirán por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Como Iglesia debemos estar felices y seguir acogiendo, con las puertas abiertas, a los niños y sus familias, integrándolos activamente en nuestra comunidad. 

Los niños son un regalo precioso para la Iglesia. En Adviento y Navidad, recordemos la importancia de su participación y compromiso con la fe. Juntos podemos construir una comunidad de fe vibrante y comprometida con el Evangelio, donde los más pequeños encuentren un espacio de amor y de crecimiento espiritual.

Recordemos siempre las palabras de Jesús, en el Evangelio de Mateo 19,14: “Dejen que los niños vengan a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Pidamos por los niños, que el Señor proteja su fe y su inocencia. Y que nos ayude a ser modelos de fe y testimonio para ellos. En estas fechas celebremos y valoremos la presencia de los niños en nuestras vidas y en nuestra Iglesia, reconociendo su importancia fundamental en la misión pastoral y evangelizadora de nuestra comunidad. 

Que este tiempo de Adviento y Navidad sea una oportunidad para renovar nuestro compromiso con la educación y la formación espiritual de los niños, asegurando que crezcan con una fe fuerte y vibrante, capaces de enfrentar los retos del mundo con la esperanza y el amor que nos enseña Cristo. 

Fernanda Lara
Delegada Episcopal para el Servicio de la Niñez

Publicado el: 26 Noviembre, 2024
© Arzobispado de Concepción