Meditación sobre el final de la vida

En estos tiempos que vivimos, marcados por la pandemia, se nos presenta la irreversible visita de la muerte. Tantas personas, en muchos lugares y en esta parroquia, donde estoy han fallecido (no todos de Covid). Últimamente con todos los prudentes cuidados y en regla con lo que nos indican las autoridades, hemos acompañado, como muchos sacerdotes y diáconos, a un gran numero personas que han dejado este mundo.

De verdad este tiempo me ha hecho reflexionar sobre la muerte, como hace mucho no lo hacía. En el breve momento que estamos en la despedida, se trata de acompañar a la familia y dar palabras de consuelo y de esperanzas.

En mi meditación sobre la muerte, leía un texto del apocalipsis (Ap. 14, 14 ss) y ahí se habla del fin del mundo con la imagen de una siega (que es cortar la hierba para ver la calidad del producto cosechado) actividad que realiza (en el relato) el Hijo de Hombre, y un ángel.

Lo primero que me vino a la cabeza fue, Cuando llegue mi hora, tendré que mostrar la calidad de mi grano, o el fruto que he generado, es decir, la calidad de mi vida. Por qué me he acostumbrado a “despedir a otros”, pero llegara el momento que me “despedirán a mí”. Y será la siega donde me encontrare, nos encontraremos, con el Señor y le deberemos decir a Dios: “Esta es mi vida, esta es la calidad de mi fruto, de mi grano”.  pensé, ese grano tendrá fallas, tendrá errores, porque sin duda he fallado y he errado mil veces el camino, pero también ese grano, tendrá cosas buenas, porque ‘algunas buenas’ he podido hacer por Gracia de Dios.

Puede sonar tal vez duro, o dramático, pero es lo que pensé ¿Qué le diría al Señor si me llamara hoy? “Pucha Señor, no me di cuenta, me pillo en mis cosas, en mis intereses personales…”. No sabemos ni el día ni la hora.  Siempre decía mi padre: Nadie tiene la vida comprada. sabemos que todos tendremos un final, que todos moriremos. ¿Cuándo? Solo Dios lo sabe. Pero es hasta saludable para el alma pensar:  Si el Señor me pidiera la vida hoy, ¿qué haría? ¿Qué le diría? ¿Qué grano (fruto) le mostraría?

La reflexión sobre la muerte nos ayuda a caminar con serenidad; no es un pensamiento que se queda solo en eso: ‘me voy a morir’, encerrado en la angustia, se trata de un pensamiento que nos debería ayudar a seguir caminando, porque es llevado adelante por la esperanza, por el amor, por una herencia de eternidad.

Sin duda que habrá un final, pero ese final lo pienso como un suave encuentro con el Señor. Es verdad, será un dar cuentas de lo que he hecho y vivido, pero también será un encuentro de amor misericordioso, de alegría, de felicidad.

He leído (no sé dónde en verdad), que el pensar sobre el final de nuestras vidas, es  cosa de sabios, es cosa de los que saben vivir y saben morir

 

Pbro. José Luis Roldán Solís
Vicario Episcopal de Arauco

Publicado el: 3 mayo, 2021