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Mes de la solidaridad: un fuego que enciende otros fuegos

El 18 de agosto celebramos la memoria de San Alberto Hurtado, S.J., junto con el Día Nacional de la Solidaridad. El Padre Hurtado fue un hombre de fe que, en el desarrollo de un proyecto de vida profundamente arraigado en el Evangelio de Jesucristo, supo reconocer en el rostro de los más necesitados, especialmente niños y ancianos, la presencia viva de su Maestro y Señor.

Alberto Hurtado no permaneció indiferente ante los males e injusticias de su tiempo. Su compromiso con los más vulnerables no fue meramente discursivo ni romántico; todo lo contrario. Frente al dolor de la marginación y la indigencia, despertó conciencias y movilizó corazones, especialmente entre los jóvenes de la Acción Católica. Así, dejó un sello de compromiso social que ha inspirado por generaciones tanto a la Iglesia como a la sociedad en su conjunto.

La impronta del padre Hurtado se fundó en un corazón apasionado por la Buena Noticia de Cristo y su proyecto de nueva humanidad. De algún modo, vivió desde el corazón del Señor, experimentando constantemente la urgencia de manifestar su amor. San Alberto encarnó la pasión de Cristo por hacer la voluntad del Padre, como se expresa en el Evangelio de San Lucas: “He venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12,49). Por ello, un contemporáneo suyo —otro gran religioso y obispo, Francisco Javier Valdés Subercaseaux— lo describió como “un fuego que enciende otros fuegos”.

Recordar a San Alberto Hurtado no puede ser solo una oportunidad para mirar hacia el pasado; sus convicciones se transforman en una llamada que impulsa y orienta el presente de nuestra vida, invitándonos a vivir con coherencia su modo de seguir a Jesús. A través de su mirada, llena de amor y de Evangelio, podemos volver a contemplar, en el Chile actual, los rostros de aquellos que fueron sus predilectos: personas golpeadas y heridas al borde del camino, que esperan la cercanía de los discípulos del Buen Samaritano, dispuestos a compartir con ellos el amor del Corazón de Cristo, núcleo viviente del primer anuncio (DN 32).

Publicado el: 19 Agosto, 2025
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