Mírate a ti mismo a través de los ojos de Dios …

Cuando ya han pasado varios años de existencia en esta tierra la costumbre de “convivir con uno mismo” parece ser lo más natural.  La imagen que nos devuelve un espejo es la misma de siempre, con cambios exteriores exigida por los años que transitan inexorablemente y dejan huellas

Muchas veces me he preguntado esto: ¿Qué pensara el Señor cuando me ve? ¿Qué vera cuando me mira? Sin duda alguna, cuando nos ve, ve su creación y fuimos creados para responder a un propósito en esta vida

Qué bello es saber que somos únicos e irrepetibles, Él nos creó, nos formó, nos colocó en un cuerpo, en una familia, en un lugar en esta tierra   Somos persona, somos hijos de Dios, somos parte del pueblo de Dios, eso nos define plenamente, eso somos y eso, no lo refleja el espejo que nos devuelve una imagen, ni lo especifican los datos de nuestras ciudadanías

“Somos de El hechura, creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano El dispuso para que las practicásemos” (Ef 2,10)

Somos creación del amor, por lo tanto, perfectos. No es una perfección que se distingue por la inteligencia, o las capacidades, o la belleza, o vaya a saber qué cosa. Perfectos porque Dios ve lo que podemos llegar a ser si lo elegimos a Él en esta vida

Somos amados por Dios gratuitamente, con una amor profundo, eterno, infinito, más grande que las emociones, o el amor humano, o los sentidos …Dios tiene un amor que sana, que repara, que renueva, que nos habilita para ponernos en camino

En esta creación cada uno de nosotros es único, no hay nadie, no hay otro como tu (o como yo) ocupamos un lugar privilegiado en el mundo. Estamos hechos “a medida” para las buenas obras de Dios, las que debemos realizar cada uno de nosotros, no otros

Cuando la vida se pone a correr, a través de los años entendemos un poco más, el increíble valor de esta vida, el valor inmenso que tiene vivir la vida para Dios, con Dios hasta el final. Y lo relativo, lo que nos afanamos en cuidar, lo exterior, la “fachada” que aparece al mostrarnos no es nada, perece. La sabiduría de la vida vivida nos hace entender que lo único verdaderamente inteligente en esta existencia es estar con Dios y hablo de una vida de creyentes, vida de fe.

He pensado muchas veces que no debe haber personas más imponentes (y más raras) que aquellos que viven confiados en Dios, que se abandonan en sus manos, que se nos aparecen con la natural sencillez de los que son fieles y felices. Producen en mi un “encanto” siempre creí que estas son las ‘verdaderas estrellas’ y que se revelarán cuando El Señor vuelva, ahí serán reconocidos y aplaudidos a rabiar, y se llevaran todos los premios

Viéndonos a nosotros mismos, y viendo a nuestros hermanos, de la misma manera en que Dios nos ve, sin duda alguna nos movilizara  a buscar, y a vivir una vida llena de aciertos ¿Qué necesito para esto? Vivir de fe, creer, y creyendo caminar por esta vida superando los desafíos y las adversidades; no puedo solo oír y repetir “Dios me ama y soy su hijo”, necesito el ejercicio de la fe para creerlo y creyéndolo liberarlo a través de las palabras, de las acciones, de la oración, de una vida testimonial que exprese a Dios

Dios está en nosotros, me lo repito, me gusta decírmelo siempre…” Soy de Dios” “Él está en nosotros”, así lo dice Juan en su primera carta (4,4) “Hijos míos, ustedes son de Dios y han vencido a esos falsos profetas, por aquel que está en ustedes es más grande que el que está en el mundo”. Somos de Dios, Él está en nosotros, en cada uno de nuestros hermanos y en cada persona con que nos encontramos

Esta es la invitación querido hermano: “mírate a ti mismo a través de los ojos de Dios”, y veras que no es imposible ver a los demás a través de los mismos ojos de Dios, y ya no veras aliados o enemigos, o mejores o peores, o más ricos y más pobres, o más blancos o más negros…veras que, en cada uno de ellos, que son su propiedad, Él está presente.

Los invito a que lean Isaías 43, 1-7, léanlo pausadamente, que mediten cada palabra, que se gocen con cada frase, que hagan propias estas palabras, y que entendamos siempre que eso siente Dios por cada uno de nosotros

 

Pbro. José Luis Roldan Solís
Vicario Episcopal de Arauco

 

Publicado el: 12 octubre, 2020