Nuestro último “ángel”

Entrevista al padre Ángel, realizada en Tomé, el 20 de septiembre de 2009, por el profesor Rolando Saavedra Villegas, poco antes del celebrar 50 años de su ministerio sacerdotal, cuando era párroco de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria de Tomé.

¿Quiénes fueron sus Padres?

Mi padre se llamaba Manuel Jiménez, nuestra familia era de Santiago y nuestro papá trabajaba justamente lo perdimos en Antofagasta, allá nací yo, mi papá era muy amigo de sus amigos, un día fue hospitalizado un amigo y mi papá lo fue a visitar, y allí a la entrada del Hospital fue atropellado por un auto y falleció. El auto era nada menos que del gerente de Codelco en Antofagasta, empresa en la que trabajaba mi padre. Por tal motivo regresamos a Viña del Mar, cuando yo tenía tres años. Mi mamá se llamaba  Mercedes Valdebenito.

¿Quiénes fueron sus hermanos?

Fuimos cinco hermanos Jorge, Carlos, Ángel y Ernesto. La Mercedita falleció siendo muy niñita. Yo estudié la primaria en la escuela O’Higgins de Viña del Mar, la cual ahora no existe, estaba ubicada entre las calles Quillota y Valparaíso, Después pasé al Liceo de Hombres de Viña.

¿Recuerdo feliz de la infancia?

Recuerdo que siendo niño como de cuatro años, la mamá nos llevaba  al fundo de un familiar cerca de Los Andes. Ir allá era como visitar el paraíso para nosotros, ya que había de todo en abundancia. A mí la gente del fundo me quiso mucho, y me hicieron una carretita tirada por dos cabritas mansas, a modo de caballos.

En ese fundo también se hacían misiones, ya que había una capilla. Una noche de misión exclusiva para los hombres vi como expiaban sus pecados dándose correazos unos a otros. Fue la única vez en mi vida que he visto una situación como esa y por eso no lo he olvidado. Se flagelaban como penitencia por sus pecados. El sacerdote rezaba un Salmo, yo creo que debe haber sido el Salmo Nº 50, ya que está muy relacionado y de ahí los hombres se flagelaban dándose correazos.

¿Dónde hizo su Primera Comunión?

En la Iglesia de las Carmelitas en Viña del Mar, nosotros vivíamos cerca de esa Iglesia. Había un hermano lego, era un hombre completísimo, me quería mucho a mí, él ayudaba mucho a los pobres. La Iglesia era parte del sector más rico de Viña del Mar, ahora son puros edificios en la Avenida Libertad. Ese hermano Lego, los días Martes les entregaba una limosna a los pobres, viera Ud. como llegaban de todas partes y se formaban filas de varias cuadras con las personas que iban a recibir la limosna. Yo le ayudaba al hermano Lego, quien entregaba un paquete de cosas a cada persona y además les decía algunas palabras.

¿Cómo conoció a Jesucristo?

Nuestra mamá era muy religiosa, nos llevaba todos los domingos a la Misa de 10 de la mañana, y en la casa nos enseñó a rezar. Como un verdadero rito, todos los sábados en la tarde no bañaba y nos dejaba lista la ropa para el otro día. Así fui como yo me fui acercando a la iglesia.

¿Si Ud. era huérfano de padre, como se proveían el sustento familiar?

La mamá trabajó durante mucho tiempo en el Hotel O’Higgins. Ahí se desempeñaba como recepcionista, y con ello financió el sacerdocio de mi hermano Jorge, ya que en ese entonces todo era pagado en el Seminario. Mi mamá todos los días 2 de cada mes iba al correo a poner el giro para el Seminario de Concepción donde estudiaba Jorge.

¿Cómo nace la inquietud de ser sacerdote en usted?

Una vez que terminó Jorge su formación como sacerdote, ingresé a los 18 años, al Seminario de Concepción. En junio del año 1954 hubo un gran temporal y no pudimos asistir a la ordenación de Jorge. Cuando él fue a Viña del Mar a celebrar su Primera Misa, ya que como ahí estaba su residencia familiar correspondía que en esa ciudad la hiciera, yo le manifesté que no tenía recursos para hacerle un buen regalo material, pero que igual quería hacerle un regalo, siempre que quisiera él. Ahí fue cuando le dije “me gustaría seguir tu vocación”.

Mientras estaba estudiando para sacerdote, Jorge nos iba a visitar a Viña, una vez al año, por quince días. Mi madre adivinaba cuando llegaría Jorge a visitarnos. Cualquier día con mucha seguridad la mamá decía “Jorge va a llegar hoy” y él llegaba ese mismo día y no otro. En otras ocasiones la mamá decía “Jorge está enfermo” y en ese tiempo hablar por teléfono era difícil y muy caro, pero ella sabía que Jorge estaba enfermo y a las semanas después recibía una carta que confirmaba su intuición.

Cuando ingresé al Seminario de Concepción, un terremoto había destruido gran parte del Seminario y nos correspondió dormir en un amplio salón de actos cuyo techo era de cinc. Cuando llovía sonaba con tal fuerza la lluvia que yo pensaba que el techo se iba a caer. Yo que era de Viña del Mar, ni me imaginaba la fuerza y cantidad de la lluvia del sur.

Mi hermano Jorge se preocupó y mi ayudó mucho, se preocupó de mis necesidades, de los libros y con ello la mamá ya se liberó un poco, pero ella no quería que yo entrará al Seminario, ya que yo la había acompañado siempre. Mi mamá decía “Que va ser de mi cuando me enferme” Jorge y yo la vamos a ayudar y acompañar, de alguna manera, así que no se preocupe. Pero igual voy a estar muy sola.

¿Y sus otros hermanos?

Carlos y Ernesto se habían casado y radicado a Santiago y por supuesto que durante un tiempo la mamá permaneció sola, pero después que yo me ordenara de sacerdote, nos turnábamos con Jorge para visitarla todos los meses en Viña del Mar. Estábamos cinco o seis días con ella y después ella se venía donde yo estuviera radicado y así permanecía conmigo uno o dos meses y al final le arrendamos en San Pedro una casita. Allí le acompañaba una joven de la Parroquia de Coronel, la cual fue una excelente señora que la cuido hasta que mi madre falleció.  Pero siempre estuvo con nosotros. Al final estuvo más acompañada por Jorge y yo, que de mis otros hermanos que estaban lejos.

¿Cuándo fue ordenado como sacerdote?

Yo fui ordenado el año 1961 y mi primera misa fue el 23 de diciembre de 1961, en la Catedral de Concepción. Mi primera Misa la hice en la Iglesia de los Padres Carmelitas en Viña del Mar.

¿Asistió su madre a su consagración como sacerdote?

No pudo viajar a Concepción, pero sí asistió a mi Primera Misa en Viña del Mar.

¿Cómo ha sido su vida sacerdotal?

En primer lugar es un regalo de Dios la vocación sacerdotal. Uno puede tener muy buenas intenciones, pero si el señor no lo llama nada ocurrirá en el espíritu de uno. Él está siempre a nuestro lado y cada día hay una novedad, cada día hay un gesto de las personas, de la naturaleza, de las flores, queda admirado. Yo siempre pienso que la vocación de uno, que es tan difícil, porque el hombre está hecho para tener su familia, su esposa, pero uno por amor a Dios se entrega al sacerdocio y tiene quizás más afecto que si tuviera familia, por parte de la gente, los feligreses, los vecinos. Pero también hay momentos difíciles. Recuerdo que en Los Álamos (Provincia de Arauco) se cerró una firma forestal llamada VIMA y de la noche a la mañana muchas familias quedaron en la miseria. Después en Curanilahue se cerró el mineral de carbón de Pilpilco y más de trescientos mineros quedaron cesantes. Después se cerró la mina de Plegarias. En todas esas situaciones me correspondió ser testigo de la pobreza más extrema. Gente que tenía muy poco, después no tenía nada.

Después viajé a Francia acompañado de un sacerdote con el cual compartí cuatro años en Chile. Cuando al padre Paul lo nombraron Vicario para los Emigrantes en Montpellier, al sur de Francia.  En ese tiempo había muchos emigrantes españoles en Francia. Cuando se mejoró la situación económica en España, muchos españoles volvieron a su país y después comenzaron a llegar portugueses, que eran mucho más pobres que los españoles. Eso era en el año 1971.

Estuve en la Parroquia de Pesemar, la cual es muy importante, ya que ahí Moliere escribió algunas de sus obras más importantes, las cuales se representan en un parque. Sentado fuera de esa Parroquia Moliere observaba el actuar de los campesinos que traían sus productos y esas costumbres le servían para redactar sus obras de teatro y caracterizar sus personajes.  Pesemar queda como a 45 kms de Montpellier.

¿Cuál ha sido la situación o acontecimiento más difícil que ha tenido que enfrentar como sacerdote?

Lo más grave que tuve que enfrentar fueron los acontecimientos del año 1973. Yo estaba en Coelemu. Sufrió mucha gente, los que no sabían y aún no saben dónde están sus familiares. Por ejemplo, había un Alcalde que era un caballero muy sencillo y del Partido Comunista y se llamaba  Luis Bernardo Acevedo Andrade y del cual nunca más se supo. Esa familia vivía como a cuadra y media de la Iglesia y sus hijos chicos llegaban a la Parroquia a pedir comida. Y como ayudaba a los necesitados me calificaban como comunista, pero después la gente se dio cuenta que como sacerdote era mi deber ayudar a los necesitados sin hacer distinción y por supuesto ayudar a los huérfanos como esos niños del Alcalde que quedaron sin papá.

En la actualidad, es duro observar la situación de los trabajadores de la industria Bellavista, no solamente en su situación económica sino que también en la disgregación de sus familias. Los hombres han ido a buscar trabajo a otros lugares, acá han quedado esposa e hijos, y en muchos casos eso ha significado el quiebre familiar.

¿Qué experiencias como sacerdote le han dejado impactado?

No deja de impactarme la inmensa generosidad de la gente de Tomé, que se demuestra en la entrega de alimentos para mantener nuestro comedor parroquial que brinda almuerzo, especialmente a varones indigentes y de extrema pobreza, que gracias a las donaciones que hacen personas e instituciones, aseguran el almuerzo de un promedio de 50 personas cada día.  Las coronas de caridad también es una manifestación muy grande y valiosa en la práctica de la caridad, ya que con esos dineros se ayuda a personas que están en situación de extrema necesidad.

En algunas ocasiones llegan tantos alimentos, que ello nos permite ayudar a la Parroquia Universitaria y la Parroquia de Collao porque ahí tienen comedores para los estudiantes universitarios, al cual también concurren alumnos de Tomé.

 

¿Ha dudado de su fe alguna vez?

A Dios gracia nunca he dudado de mi fe. Pero si, a veces uno piensa en este mundo nuevo, nuevo por todo lo que ha cambiado y ve como niños de cuatro o cinco años  con el computador y me impresiona mucho que los avances tecnológicos nos brinden tanto progreso y a la vez nos hagan vivir un mundo tan deshumanizado. Se ha perdido la capacidad de conversar de dialogar, ahora es más importante hablar por teléfono, que hablar frente a frente con un vecino.

¿Cuál es su concepción sobre la vida y la muerte?

Frente a una persona que la ha visto enferma durante un prolongado periodo de tiempo y que manifiesta estar cansado de vivir, por las molestias y gastos que ocasiona, uno se acerca a ellos, le da un poco de esperanza, de confianza, entra a una paz interior. Cuando yo estuve en Francia, fui tres veces al Santuario de la Virgen de Lourdes. Hay un momento, que es como a las cuatro a cinco de la tarde, en que se ubican todos los enfermos de diferentes nacionalidades y condiciones sociales, que concurren convocados por su fe y esperanza. Ahí a uno ve una multitud de gente que está a próxima a morir. Sacan el Santísimo y el Obispo entrega su bendición a cada uno. Después de los cantos y oraciones los enfermos y sus familiares se retiran del Santuario hacia la estación de trenes o el aeropuerto, ayudados por los camilleros de Lourdes. Si uno conversa  con alguno de los enfermos, sobrecoge observar su paz interior, aunque no hayan sido sanados, ya que son muy pocos los que obtienen el privilegio de un milagro.

Cuando se va un ser querido, siente como persona. Jesús lloró ante su amigo Lázaro, que estaba muerto. Pero hay otra vida, hay otro momento en que nosotros llegaremos ante el Señor y Él nos espera, pues Jesús lo ha dicho repetidas veces “Voy a prepararles un lugar, donde yo esté y cuando sea el momento los voy a venir a buscar” Eso decía Jesús a sus Apóstoles y eso nos está diciendo también a nosotros también. Pero que la muerte va a llegar, va a llegar. Lo que San Francisco menciona en una oración a “La hermana muerte” que la espera preparado y que se haga la voluntad del señor. Pero,  la alegría del reencuentro con los seres queridos que partieron antes que nosotros, yo pienso que eso recompensa muchas cosas. Lo grave es que nuestro cuerpo se va debilitando y uno ve muchas veces enfermos entubados, que sufren una larga agonía. La ciencia médica quiere ayudarlos y se sigue un largo tratamiento. A veces, Dios ayuda y se produce el milagro de la recuperación, por ello nunca hay que perder la fe.

¿Qué opina de la persona que se suicida?

En el Concilio Vaticano Segundo (1962-1965) convocado por  S.S. Juan XXIII y finalizado por S.S. Paulo VI hubo un notable cambio en la actitud de la Iglesia ante la conducta suicida. Antes, al suicida se le condenaba a no pasar por la Iglesia a recibir el servicio de la Misa de Réquiem. Desde después del Concilio se busca una explicación porqué llegó a tan extrema decisión, si estaba enfermo. En este último tiempo, es muy recurrente la depresión de las personas de toda edad. La depresión es una enfermedad que parte frente a la imposibilidad de las personas de enfrentar  su propia vida y encontrarse frente a la nada lo cual no lo hace responsable de sus propios actos. De alguna manera también se condenaba a la familia del suicida, al no permitírsele brindar al difunto una completa sepultación cristiana, más aún si durante toda su vida había sido un buen católico. Lo último que desea una persona es dejar de vivir, por ello resulta tan impactante para todos nosotros  la decisión de un suicida.

¿Qué piensa de la eutanasia y el aborto?

Nosotros como católicos defendemos en todo trance y evento la vida. Dios da la vida y Dios la quita. Ciertamente que la ciencia médica tiene que ayudar al enfermo, pero hay límites. Para un médico, la evidencia más segura que posee como término de la vida de una persona, es su muerte cerebral. Cuando ya ninguno de los instrumentos marca señales de vida, se puede desconectar al enfermo de todo el equipamiento médico de la UCI (Unidad de cuidados intensivos) Ello lo decide el médico con su equipo, en cada caso siguiendo un protocolo de desconexión y ante la ausencia prolongada de signos vitales.

Yo tuve un gran profesor Moralista, que era el sacerdote Pedro Azócar, un Padre muy estudioso. Él nos dijo una vez,  que en casos extremos hay que conversar con los médicos tratantes y los familiares del paciente. No pasó mucho tiempo y me toca vivir una situación de un señor que estaba internado en el Sanatorio Alemán. Fui a consultar al Padre Pedro, quien me dijo yo te acompaño. Ahí en el Sanatorio estaban los médicos diciendo si y no, en relación a la decisión de desconectar al enfermo. El Padre Pedro observó la situación y conversó con los médicos y familiares del paciente. Con esos antecedentes manifestó “Aquí ya terminó la vida. Tranquilícense y hagan lo que tienen que hacer”.

La Iglesia no está de acuerdo con la eutanasia ni el aborto, en el Concilio Ecuménico Vaticano II se reafirmó la dignidad de la persona humana y de modo particular su derecho a la vida. Por ello denuncia todos los crímenes contra la vida, ya sean homicidios, genocidios, aborto, eutanasia, etc.

¿Si no hubiera sido sacerdote qué oficio o profesión le habría gustado ejercer?

Cuando vivía en Viña del Mar y aún era niño, en los meses de verano mi madre me daba dinero y yo compraba diarios y revistas de toda clase y iba a vender en la calle 8 norte y  las Salinas. Yo disfrutaba siendo suplementero porque trabajaba un rato y ganaba dinero.

La mamá nos gratificaba por nuestras buenas notas en el colegio. Nos daba dinero como premio para que fuéramos al cine Olimpo o Municipal. A veces preferíamos  comprar revistas como “El Peneca” o “El Estadio”.

Si no hubiera sido sacerdote, me habría gustado ser médico. Lo curioso es que sin ser médico voy todos los días al hospital a visitar a los enfermos, en misión de sacerdote.

¿En qué pueblos y ciudades ha estado sirviendo a Dios?

Yo partí en Florida, después estuve seis años en Los Álamos  y tres años en Curanilahue, después año y medio en Francia, en Coelemu quince año y en 1984 llegué a Tomé.

¿Ha estado alguna vez en Roma?

Si, tres veces. Yo en Curanilahue tuve de compañero a un sacerdote italiano y romano llamado Valentino Tresalti, así que cuando estaba en Roma visitaba la casa de la familia de mi amigo, quien tenía un hermano médico. Cuando sucedió el lamentable atentado que sufrió SS Juan Pablo II, el miércoles 13 de Mayo de 1981, el doctor Emilio Tresalti Director de la clínica Gemelli   y hermano de mi amigo Valentino. Yo en esa época era párroco en Coelemu y hacía clases de Catecismo y siempre preguntaba a los niños ¿Qué les ha impacto o llamado la atención esta semana? Pues bien, esa semana de mayo de 1981, cuando sufrió el atentado S.S. Juan Pablo Segundo, cuando les hice la pregunta de rigor a los niños y niñas, todos a coro manifestaron estar muy impactados por lo que le había ocurrido a su Santidad. Como vi a mis pequeños feligreses tan impactados, les dije: “Le vamos a escribir al Papa, y Uds. le van a hacer una linda carta y yo se las voy a hacer llegar. Vamos a seleccionar las tres mejores”. Fue muy lindo leer lo que le decían los niños al Santo Padre. Finalmente decidí enviarlas todas, incluso algunas cartas tenían dibujos en que le explicaban cómo era la Iglesia, el pueblo  de Coelemu y el río Itata, y lo invitaban para que viniera a tomar sol para que se recuperar más pronto. Yo le mandé el paquete de cartas directamente al doctor Emilio Tresalti.

Después de la operación el Santo Padre se deprimió bastante, no quería hablar, comer ni nada. Entonces Emilio en la clínica Gemelli le entregó las cartas al Santo Padre, quien comenzó a leerlas y por primera vez sonrío después del atentado en su contra y comenzó a mejorar su estado de ánimo. Así fue que un día Emilio les contó a los periodistas la historia de las cartas de los niños de Chile, de un pueblo llamado Coelemu. Emilio Tresalti como Director del Clínica entregaba todos los días un comunicado sobre la evolución del estado de salud del Papa. En la radio y prensa contaron que los niños chilenos habían hecho sonreír al Papa nuevamente.

Como a las once de la mañana llegó a Coelemu Monseñor Manuel Sánchez, Arzobispo de Concepción, ya que el Nuncio del Vaticano Ángelo Sodano lo había llamado para preguntarle qué como le habían hecho llegar las cartas a Su Santidad, saltándose todo el protocolo. Bueno, yo conté la verdad, que le había hecho llegar las cartas a mi amigo Emilio y que él las había puesto en manos del Papa para que las leyera. Tiempo después, cuando se reinauguró el Seminario de Concepción, asiste el Nuncio Ángelo Sodano y mi hermano Jorge Jiménez era el Rector del Seminario Metropolitano de Concepción que se ubica en Chiguayante, y me pide que me preocupe de atender al Nuncio, así que lo acompañé a tomar desayuno  y me pregunta que donde ejercía mi labor pastoral. Yo le dije que en Coelemu, entonces él me dice “Así que Ud. fue el que le escribió al Santo Padre”  Y ahí yo le explique como yo conocía al doctor Emilio Trisalti y que gracias a él habían llegado las cartas de los niños y niñas de Coelemu al Santo Padre cuando estaba en la Clínica Gemelli. Ahora entiendo todo, me dijo el Nuncio, y sonrío.

¿Qué opinión le merece un ateo?

Un señor que se autodefinía como ateo me dijo una vez “Feliz Ud. Padre que tiene una esperanza”. Yo estoy concluyendo mi vida y no creo en nada, pero Ud. tiene la esperanza que se va a encontrar con Jesús. Ese caballero me remeció con sus palabras porque se sentía acompañado de gente, pero con su alma abandonada. Después que falleció, su viuda me habló para contarme que su marido quedó con algo de lo que yo le dije: “Dios nunca cierra todas las puertas, siempre deja una ventanita, y esa ventanita es la luz que nos señala que hay algo superior que nos espera en el Más allá. Ese señor era masón y yo siempre he respetado a todas las personas.

¿Qué opinión le merece un evangélico?

Yo los admiro, ya que han hecho posible tantos cultos, el esfuerzo que demuestran a diario por entregar la palabra de Dios. Hay pastores muy comprometidos con el Evangelio.

¿Qué opinión le merece un masón?

Yo los respeto, porque son muy solidarios entre sí y ayudan. Son generosos, dan becas, tienen colegios y una Universidad. Ellos tienen  otra filosofía. Nunca he tenido problemas con los masones.

¿Qué cosa le incomoda de nuestra sociedad?

Me molesta que no haya consecuencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Especialmente en el ámbito político, en donde más se predica que lo que se practica.

¿A qué hora inicia sus actividades cada día?

Yo me levanto diariamente a las seis y media de la mañana. Cuando estaba en el Seminario me levantaba a las seis. A esa hora que me levanto, hay tranquilidad para leer los Salmos y lo que ha escrito el Santo Padre, Juan XXIII, yo tengo mi meditación, mi oración personal, la Eucaristía y después leo los diarios para enterarme de lo que pasa en el mundo.

Publicado el: 8 diciembre, 2019