Nueva Constitución de Chile, un hecho histórico que marcará el quehacer social

Esta semana nos preparamos para participar de un momento cívico muy importante para nuestro país, como es la elección, por primera vez, de los Gobernadores Regionales; y también la elección de alcaldes y concejales en los municipios. Además, se suma a esto el momento de elección de los constituyentes que nos representarán en la discusión y elaboración del texto de la futura Nueva Constitución de Chile, un hecho histórico que marcará el quehacer social de las próximas décadas.

Para un cristiano esto no es un hecho aislado y que no nos involucre mayormente, al contrario, debemos sentir como un derecho y un deber el participar activamente en todos los momentos que como ciudadanos nos corresponde realizar. Además, surge el deber importante de dar testimonio ante el mundo y de mostrar nuestro interés en aportar con la luz reveladora que nos concede la Palabra de Dios y la Tradición, y la voz siempre viva y autorizada del Magisterio de la Iglesia, cuando los temas debatidos tienen que ver con la dignidad del hombre y el sentido de la vida. Actuar en estos ámbitos cívicos nos permiten colaborar con el Creador para poder llevar a cabo de constituirnos como imagen y semejanza suya, en comunión de amor con Dios, con las demás personas y con la naturaleza.

Indudablemente no es un camino fácil, pero si quienes habitamos este hermoso país aportamos con aquellos dones y talentos que el Señor nos ha concedido, sin lugar a dudas que podremos perfeccionar el mundo que habitamos. Para ello es importante, en primer lugar, tener esperanza, virtud magnífica que nos permite aguardar aquello que interiormente deseamos. Sin esperanza, el mundo se desmoronaría porque optaríamos por la dinámica advertida por el papa Francisco de Fratelli Tutti del “sálvese quien pueda” (n°36) que nos llevaría a olvidarnos de los demás y también de nosotros mismos. Un alma con esperanza, por el contrario, sabe aguardar, a pesar de los momentos difíciles- como por ejemplo el contexto de pandemia que estamos viviendo- y anima los corazones que están a su lado a quienes reconoce como hermanos.

Coinciden estos momentos cívicos con la fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos y luego, la próxima semana, la espera de Pentecostés y la jornada de oración por la unidad de los cristianos. La invitación en estos días es a intensificar la oración y a pedir el don del Espíritu Santo, intercesor, abogado y consolador, para que ilumine a las autoridades que serán elegidas y desempeñen sus funciones con total responsabilidad; discerniendo  los problemas más difíciles con sabiduría y buscando el bien común de todos, para que así se acreciente la esperanza, de la cual todos estamos llamados a dar razones (cf. 1 Pedro 3,15) y seamos capaces de cambiar el frío invierno de la cultura del egoísmo y de la autorreferencialidad  en una florida primavera de fraternidad y amistad social que Dios quiere ver en todos nosotros.

 

Pbro. Pedro Gómez Díaz
Vicario general y párroco de Ntra. Sra. de Lourdes, Concepción

Publicado el: 10 mayo, 2021