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Pentecostés y Chile actual


La Iglesia está próxima a culminar el tiempo pascual con la celebración de Pentecostés, es decir, la fiesta que recuerda el envío del Espíritu Santo. El relato que narra esta experiencia se encuentra en el Libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11). En el marco de la fiesta judía de Pentecostés surge la novedad de una pequeña comunidad apostólica ungida para llevar el primer anuncio, el Evangelio, la Buena Noticia: Jesús de Nazaret, que murió en la cruz, verdaderamente ha resucitado y ellos son testigos de este acontecimiento.

Uno de los efectos originales de la presencia del Espíritu en la comunidad apostólica consistió en la posibilidad de dar testimonio y que su palabra fuera comprendida por hombres y mujeres venidos de distintas latitudes: “Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia […]”. La escena narrada en el libro de los Hechos está cargada de contenido. La llegada del Espíritu Santo en Pentecostés manifiesta un nuevo escenario tanto para los apóstoles como para sus interlocutores: el Espíritu genera y promueve la misión universal.

El germen sembrado en Pentecostés expresa y hace visible lo alcanzado por Cristo en su misterio pascual, con su muerte y resurrección: se han derribado los muros que impedían la comunicación entre lo humano y lo divino y, en consecuencia, también los muros levantados por los mismos seres humanos. Se hace posible la comunión, el diálogo, la comunicación y la comprensión mutua. Notable es el testimonio de quienes habían llegado desde diversas naciones: “todos los oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios” (Hch 2,11).

En estos días, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile ha entregado un mensaje titulado “Recuperar la paz social y el diálogo político”. El texto anima a cuidar la concordia, especialmente entre quienes ejercen responsabilidades públicas. La discusión de las políticas públicas y las distintas visiones frente a los problemas del país son necesarias, pero las respuestas a los desafíos que vivimos debieran distinguirse por la disposición al diálogo, la capacidad de escuchar y el discernimiento responsable, reconociendo que el bien común siempre supera los límites de las propias posiciones o ideologías.

En un reciente encuentro con parlamentarios de la Unión Europea en la Santa Sede, el Papa León XIV señaló que uno de los principales problemas de la política actual ha sido “el declive constante de la sintonía, de la cooperación y del compromiso mutuo entre el pueblo y sus representantes”. Asimismo, subrayó la necesidad de recrear en la vida política “un sentido genuino de pueblo”, favoreciendo el contacto cercano entre ciudadanos y autoridades, para responder de mejor manera a las necesidades reales de las personas.

Pentecostés nos recuerda que el diálogo, la comprensión y la búsqueda del bien común son posibles. En tiempos marcados por la desconfianza, la polarización y la violencia, Chile necesita reconstruir puentes y volver a encontrarse. Allí donde las personas son capaces de escucharse, reconocerse y trabajar juntas por el bien de todos, el Espíritu sigue actuando y renovando la esperanza de los pueblos.

Mons. Bernardo Álvarez Tapia

Obispo Auxiliar de Concepción

Publicado el: 16 Mayo, 2026
© Arzobispado de Concepción