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Pentecostés y la esperanza joven en el Jubileo 2025


La celebración de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles marca un hito fundamental en el nacimiento de la Iglesia y el inicio de su misión evangelizadora. Para muchos jóvenes, este acontecimiento ha sido un momento especial que ha marcado su experiencia de fe y compromiso con la misión. Agradecemos su entrega a través de proyectos de voluntariado orientados a la evangelización, el servicio y la promoción humana. Son numerosos los jóvenes que han encontrado un sentido profundo para sus vidas y que, movidos por la experiencia del encuentro con Cristo, han decidido salir de sí mismos para convertirse en un don para los demás.

Reconocemos que muchos jóvenes han hallado un verdadero propósito en sus vidas y consagran sus mejores esfuerzos a transmitir la fe, anunciar el Evangelio, dedicarse al estudio y al trabajo, así como a servir desinteresadamente a los más vulnerables. Sin embargo, también existen muchos otros que aún no han logrado encontrar un proyecto de vida y son víctimas de las drogas, la injusticia, la trata de personas, el individualismo y el consumismo, entre otros flagelos. Nos preocupan especialmente los entornos juveniles que, en las últimas semanas, han evidenciado una preocupante escalada de violencia, incluso con pérdidas de vidas, especialmente en liceos y colegios. Sería un error reducir estas manifestaciones únicamente a hechos delictivos, pues expresan que algo grave está ocurriendo en nuestra sociedad. Estos acontecimientos requieren, sin duda, una profunda reflexión e intervención, ya que los jóvenes son el presente y el futuro de nuestro país.

Es urgente renovar los espacios de acogida para el diálogo con los jóvenes, acompañarlos en medio de sus dudas, inquietudes y soledades. Es fundamental que quienes tienen mayor responsabilidad en la conducción del país promuevan el fortalecimiento de la vida familiar, porque constituye el ambiente insustituible que brinda las bases necesarias para el desarrollo integral de la persona. Se requieren hogares y espacios públicos donde los jóvenes puedan vivir dignamente, así como una educación y cultura que estimulen sus intereses y talentos, especialmente en los barrios más segregados. Además, es imprescindible generar oportunidades de trabajo y desarrollo personal que permitan reducir o eliminar las brechas que impiden a muchos jóvenes soñar con una vida diferente a la que, en ocasiones, han estado sometidos por generaciones.

El Papa Francisco, de feliz memoria, nos exhortaba, al inicio del jubileo, a ocuparnos con ardor renovado de los jóvenes, los estudiantes, los novios y las nuevas generaciones. ¡Que haya cercanía a los jóvenes, quienes son la alegría y la esperanza de la Iglesia y del mundo!

+ Bernardo Álvarez T.
Obispo Auxiliar de Concepción

Diario La Estrella – 7 de junio 2025

Publicado el: 7 Junio, 2025
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