¿Qué debo decidir, apruebo o rechazo?

Estamos acercándonos al plebiscito de octubre y, lamentablemente, algunos seguimos en cuarentena. Esta situación sanitaria complejiza todo y muchas personas ven restringida su libertad de movimientos; la vida familiar y social se ve trastocada por esta circunstancia sanitaria que, en particular durante estas semanas, afecta a muchas comunas de las provincias de Concepción y Arauco que forman parte de nuestra Arquidiócesis.

Este tiempo genera incertidumbre no solo en cuanto al futuro humano (¿tendremos trabajo?, ¿Cómo serán los estudios?, ¿podremos votar tranquilos?, ¿podré eludir los contagios hasta que llegue una vacuna?, ¿se acabaron los abrazos para siempre?, ¿Qué es mejor para Chile?, etc.), sino también al futuro de nuestra misión evangelizadora. Estas incertidumbres solo pueden enfrentarse desde la certeza de la fe, que – lo digo con toda claridad – nos obliga a discernir, ya que la certeza de la fe no es manual de instrucciones o recetario de prácticas morales, sino voluntad permanente de vivir como hijos/as de Dios.

Solo pensar en la Palabra que Dios nos dirige en estos días a través de la liturgia, nos deja una misión ardua para discernir. Si recordamos la parábola de los 2 hijos (proclamada este domingo 27 de septiembre), Jesucristo nos pide acciones y no meras declaraciones, ya que la verdadera experiencia de ser hijos e hijas de Dios consiste en cumplir su voluntad, lo demás son cuentos. Y nosotros, ¿Qué hemos hecho durante este tiempo? ¿A cuántas personas hemos ayudado, hemos escuchado, hemos saludado en la semana que pasó? ¿Por cuántos enfermos o atribulados hemos ‘perdido’ un poco de tiempo para orar por ellos? En cuanto a Chile y sus procesos políticos y sociales: ¿Cuánto tiempo he invertido en luchar por un país más justo y en paz en estos meses? Parafraseando a un célebre personaje de la literatura: el tiempo que has dedicado a los demás, por amor a Dios, muestra lo importante que es Dios para ti.

Bien, la certeza es que hay que discernir, aunque discernir no me da ninguna certeza de tener respuestas claras y definitivas. Dios está actuando en el aquí y ahora, no es un espectador de nuestras atribuladas vidas, ni ‘balconea’ aplaudiendo o abucheando lo que pasa entre nosotros; por ello, discernir implica reconocer hoy lo que Dios ya está haciendo en mi país, en mi comunidad, en mi familia. Y, una vez que distingo qué está haciendo Dios, tengo que darle una respuesta: ¿me sumo a su plan o sigo con el mío?

Entonces, ¿Qué debo decidir, apruebo o rechazo? ¿Qué es lo que Dios quiere para todos sus hijos en Chile? Cuidado con dejar algunos hijos de Dios fuera de este discernimiento, ¿o acaso Dios quiere que solo algunos de sus hijos estén bien? Por cierto que Dios quiere el bien para todos sus hijos, pero hay algunos que el mismo Jesús dice que son primeros (cf. Mateo 21, 31). Cuando reflexiono sobre el plan que Dios tiene para sus hijos, ¿a quienes me imagino en primer lugar, a quienes les debo dar prioridad? Al menos, en la parábola del domingo, Jesús tenía en mente a los publicanos y a las prostitutas. ¿A quién tengo yo en mente?

P. Mauricio Aguayo Quezada
Vicario para la Pastoral
Iglesia de Concepción

 

Publicado el: 22 octubre, 2020