Nuestra Arquidiócesis de la Santísima Concepción se ha alegrado en estos días por la novena de San Sebastián, que se inició el 11 de enero, en el Santuario de Yumbel, y que culmina con la fiesta litúrgica de San Sebastián este 20 de enero.
Este año, la festividad tendrá un carácter especial, ya que el Santuario de San Sebastián ha sido designado como uno de los Templos Jubilares que recibirán la visita de los peregrinos para vivir la experiencia de gracia del Jubileo 2025. Serán incontables los peregrinos que, venidos de todas partes de Chile, buscarán la gracia de vivir un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta» de salvación, como ha escrito el Papa Francisco.
San Sebastián de Yumbel ha sido caracterizado por varios de nuestros pastores como un pulmón de vida espiritual. Es decir, se reconoce como una tierra de gracias especiales, un lugar de encuentro con Dios por la ayuda e intercesión del Santo Patrono.
Es fácil reconocer el movimiento de la gracia que se manifiesta en los peregrinos que acuden a Yumbel. Corresponden al Pueblo de Dios que se representa bíblicamente como los sencillos de corazón, es decir, aquellos que acuden con la ofrenda de sus vidas, familias, trabajos, dolores, alegrías y tristezas, buscando y esperando todo de Dios.
La piedad popular embellece estos días la vida del Santuario y la ciudad de Yumbel con los colores de San Sebastián. Se despierta con fuerza el testimonio de siglos de peregrinación. Recordemos que el Santuario tiene referencias históricas desde 1663 en la zona y corresponde, a su vez, a una tradición arraigada en la vida del mártir San Sebastián, jefe de la primera cohorte de la guardia pretoriana imperial. A finales del siglo III d.C., prefirió abdicar de su noble condición como militar romano antes que renegar de su fe y dedicación a los cristianos perseguidos. De este modo, entregó su vida por Cristo en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano.
De un modo providencial, San Sebastián Mártir ha peregrinado junto a sus ideales, traspasando siglos de historia y cruzando fronteras desde las catacumbas romanas y la Vía Apia hasta llegar a Yumbel.
Valoremos este don presente en nuestra arquidiócesis, que nos conecta con un creyente del primer tiempo de la Iglesia y que hoy nos anima a perseverar en nuestra propia peregrinación. El Papa nos recuerda que “la vida cristiana es un camino que también necesita momentos fuertes para alimentar y robustecer la esperanza, compañera insustituible que permite vislumbrar la meta: el encuentro con el Señor Jesús”. Vayamos a Yumbel.
Mons. Bernardo Álvarez T.
Obispo Auxiliar de Concepción