Este sábado 8 de noviembre se produce una significativa coincidencia en el corazón de las comunidades de nuestra Arquidiócesis de Concepción. Se encuentran dos acontecimientos que, de una u otra forma, han marcado la vida de muchas generaciones: el Mes de María y la Peregrinación Juvenil al Santuario de San Sebastián de Yumbel.
Ambos son expresiones profundas de piedad popular que nos ayudan a culminar nuestro Año Jubilar 2025 con la presencia maternal de la Virgen y a perseverar en la historia como peregrinos de esperanza.
Para quienes hemos tenido la oportunidad de vivir o compartir estas experiencias de fe, especialmente en los santuarios, es posible dar testimonio del valor intrínseco de la piedad popular. Tal como lo describe el Documento de Aparecida, esta vivencia de la fe “contiene y expresa un intenso sentido de la trascendencia, una capacidad espontánea de apoyarse en Dios y una experiencia de amor teologal” (DA 263).
La peregrinación a los santuarios, junto con el Mes de María, las novenas y las fiestas de devoción popular, constituye un verdadero patrimonio espiritual de la Iglesia. Este patrimonio nos revela cómo el Evangelio ha logrado encarnarse en la cultura y cómo, gracias a la acción del Espíritu Santo, puede tomar nueva vitalidad a lo largo de la historia. El Papa Francisco describe este proceso en Evangelii Gaudium:
“Cuando en un pueblo se ha inculturado el Evangelio, en su proceso de transmisión cultural también transmite la fe de maneras siempre nuevas; de aquí la importancia de la evangelización entendida como inculturación. Cada porción del Pueblo de Dios, al traducir en su vida el don de Dios según su genio propio, da testimonio de la fe recibida y la enriquece con nuevas expresiones que son elocuentes. Puede decirse que ‘el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo’.” (EG 122)
La Peregrinación Juvenil a San Sebastián y el Mes de María siguen siendo, en esencia, lugares de encuentro con Cristo y de transmisión de la fe. Son espacios que fortalecen la comunión e inspiran la misión, verdaderos puntos de conexión con Dios y con la comunidad. Estos acontecimientos de fe movilizan y manifiestan esa profunda llamada interior que invita a ponerse en camino y a salir de uno mismo.
La piedad popular, con sus gestos y expresiones, evidencia el deseo fundamental grabado en el corazón humano: el anhelo de encontrarse con Dios.
+ Bernardo Álvarez
Obispo Auxiliar de Concepción